CAPÍTULO 55

1939 Palabras

El nerviosismo de Mía no fue nada en comparación con la crisis nerviosa que se desató en ella cuando abrazó a su hijo llorando por haberse sentido perdido. Joseph también había estado en shock y, tal como lo habían mencionado las personas que lo resguardaban, él no había dicho más que su nombre, su edad, el nombre de su madre y que estaba perdido; luego de eso se dedicó a sollozar y llorar casi en silencio. Mía lo abrazó con fuerza, besándolo frenéticamente hasta que el chiquillo, cansado de llorar, se quedó completamente dormido entre sus brazos; fue hasta entonces que Caleb entendió eso de que una madre era fuerte por sus hijos, porque lo pudo constar. Apenas Mía sintió que su hijo estaba a salvo, completamente a salvo, y que no sería capaz de verla tan destrozada como se sentía, c

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