—¿Soy una burla para ti, Caleb? —preguntó Samantha, viendo a su esposo entrar a su oficina al fin—. Te pasaste casi una hora con esa mujer, Caleb. Dime, ¿acaso la trajiste aquí para atormentarme? Porque no creas que no sé que ella trabaja en la cocina. Caleb suspiró. Era él quien no sabía que ella trabajaba ahí, al menos no hasta una hora atrás; y claro que había pasado una hora con ella, pues, temiendo que ella se desapareciera de su vista, pensó en primero obtener una explicación sobre ese niño que le había llamado papá y obteniendo una respuesta sobre su pasado. » No la quiero trabajando aquí —dijo la joven castaña, que lloraba enfurecida—. Aunque me imagino que despedirla no hará que me dejes de ver la cara de idiota. Y yo queriendo enamorarte cuando tenías una familia con ella. ¿A

