CAPÍTULO 50

1827 Palabras

Un hombre joven, castaño de ojos cafés y piel apiñonada, abrió la puerta de un departamento en que no vivía y se encontró con lo que más necesita y lo único que quería ver en ese momento: la sonrisa de su amada Diana. Caleb respiró hondo, llenando sus pulmones de un aroma que le encantaba, que le daba paz y alegría a su alma; aunque, con todo lo que cargaba encima justo en ese momento, fue mínima su mejora, pero mejoró aún más cuando la joven que más amaba en la vida lo abrazó y lo besó. —¿Ya te enteraste? —preguntó Caleb, pues ellos no tenían cita ese día, así que solo eso explicaría que la joven estuviera ahí. Diana, que le había abrazado segundos atrás, asintió lenta y repetidamente mientras hacía una mueca con su boca que provocó al otro suspirar. —Andrea me mandó un mensaje dicién

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