CAPÍTULO 69

1844 Palabras

Andrea no sabía si su corazón latía con tanta fuerza porque ese joven había ido hasta ella de nuevo y la llevaba de la mano o porque la llevaba casi a rastras. En un intento de alejarla de ese rubio de ojos azules, el azabache había caminado tan rápido cómo daban sus piernas, que eran, por mucho, más largas que las de la castaña de ojos claros que, medio confundida, no atinaba a detenerse. Fue Daniel quien, muchos metros adelante, se detuvo, mirando a su amada con el rostro entre serio y suplicante, además de que jadeaba un poco por lo agitada que había terminado tras la carrera que le obligó a dar. —¿Vas a cambiarme por él? —preguntó el joven Montesinos y Andrea no supo qué responder, además, primero que nada, necesitaba recuperar el aliento perdido—. No lo hagas, Andrea, por favor d

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