Lo que empezó con una tremenda emoción se tornó en una tortura y un miedo profundo. Lejos de dos pruebas de embarazo, dos mujeres, con cara de susto, esperaban a que la alarma del celular sonara para ir a conocer los resultados de ese par de aparatos y, cuando al fin sonó, ambas sintieron una punzada general en todo el cuerpo que les dejó dolor de estómago y de cabeza. Sus pulmones habían entorpecido, pues respiraban de una manera extraña e ineficiente, de otra manera Andrea no se sentiría tan mareada. —¿Qué están haciendo? —preguntó Caleb, tocando la puerta del baño donde su esposa y su concuña tenían rato encerradas—... Diana, ¿pasa algo? La respuesta no llegó, al menos no como él la esperaba, porque definitivamente Caleb no se estaba esperando que su esposa, extasiada por quién s

