—Entonces, ¿vivirán contigo? —preguntó Diana y Sofía asintió, estirando los labios y abriendo muy grandes los ojos—. ¿Por qué? La pregunta de Diana era necesaria, es decir, tenían cinco meses de casados, cinco meses sin vivir en esa casa, esforzándose por su vida marital, y ahora su hermano y cuñada volvían al nido. Era inusual. —Porque tu hermano está loco —respondió la mayor y la joven azabache sonrió un poco, asintiendo porque concordaba con ella—. Tu padre y yo trabajamos todo el día, así que no habrá diferencia a que Andrea esté aquí o allá, porque le dije que podía llevarse a doña Leti a ayudarle con los quehaceres de la casa si quería. Ella sola se ofreció para ello, pero no quiso, decidió mejor venirse a vivir a la casa otra vez. —Le hizo mal el embarazo, ¿cierto? —concluyó Di

