La joven abrió los ojos y se encontró consigo misma, desnuda y adolorida, viendo unos pies desconocidos asomando debajo de una sábana que compartía con el dueño de esos pies. «¿Qué demonios hiciste?» Se preguntó mentalmente la castaña de ojos miel mientras cubría su boca con ambas manos y se golpeaba internamente por haber terminado de esa manera, aun cuando tiempo atrás había decidido no volver a involucrarse con nadie más. —Buenos días —dijo Alejo, que luego de sentir movimientos a su lado abrió los ojos y encontró la desnuda espalda de la joven con quien había pasado la noche, besándola al incorporarse—. ¿Cómo amaneciste? —Cruda —respondió Samantha, rezando internamente porque la escritora de su historia le sacara de ese lugar por arte de magia, sin considerar que esa escritora era

