Se estiró con fuerza, desperezando su cuerpo, y cuando relajó los brazos y hombros también relajó el cuello, sintiendo cómo la flojera no se iba del todo y terminando por bostezar hasta las lágrimas. Había dormido demasiado, lo sabía bien porque se sentía perdida en el mundo y con el cuerpo molido; además de que en ese enorme reloj de pared en la habitación de su hermano se podía ver que eran casi las dos de la tarde. Andrea supuso que había estado demasiado cansada luego de mucho llorar porque, aun cuando pensó que ya todo estaba arreglado con ella ahora que no sentía culpa por la muerte de su madre, toda la noche, y parte de la madrugada, aún recordando a su madre, lloró unas cuantas veces más. Miró a todos lados y encontró un postit en el buró a un lado de la cama donde su hermano

