Prefacio
Estábamos listos para irnos a acampar mis amigos y yo, Yesther había pasado por mí y a buscarme, yo en serio lo que quería era acribillarlo, duró demasiado en pasar a buscarme y yo esperándolo, según él se quedó sin gasolina. Me había dicho de que pasó a buscar a Paolo y a Iliax. Después de que él fuera a pasar a buscarme, íbamos a buscar a Teresa. Dos mujeres y tres hombres. Nunca falta el atrevido que se cree que va a tener diversión, pero se había equivocado Paolo, ese era él atrevido. Logré visualizar la camioneta de Yester, en seguida me moví y llegué hacia ella rápidamente, Iliax me había abierto la puerta con una sonrisa de oreja a oreja.
—Hola idiota —saludé a Iliax entrando en la camioneta.
—Hola Mariel —me contestó Iliax.
—¿Cómo vas Mariel? —me preguntó Yesther.
—Yo muy mal por tu culpa estúpido —le respondí a Yesther después de yo haberme sentado.
Él se rio.
—¿De qué te quejas? Ya te dije que tuve un retraso —se expresó Yesther.
—Tus excusas te las puedes introducir por donde te quepas —le dije yo aún enojada con él.
—Pero que mujer más aburrida. Ustedes las mujeres hacen esperar a uno mucho tiempo, entonces ustedes no pueden esperar a uno —comentó Paolo de metiche.
—Cállate Paolo —mascullé.
—Cállate Mariel —me dijo Yesther.
—Búscate un novio Mariel —sugirió Iliax.
Cuando ellos hablaban uno detrás de otro, entonces yo me echaba para atrás y permanecía en silencio. Ellos continuaron conversando mientras yo los ignoraba, sólo volví a decir algo cuando vi a Teresa entrar en la guagua.
—Teresa —le sonreí.
—¡Mariel! —exclamó ella.
Entonces yo decidí quedarme tranquila, tomé mis auriculares y puse música para mí en lo que llegábamos. Llegamos hacia donde nuestro objetivo. Todos bajamos, cada quien tomó sus cosas y preparamos la casa de campaña donde íbamos a quedarnos a dormir. Me percaté de algo, necesitábamos leña, los hombres estaban con sus móviles y yo me encontraba con Teresa hablando un poco.
—Hay que buscar la leña, y estos inútiles chateando. ¿Qué esperan? —alcé mi vista y el sol se estaba ocultando—. La noche se acerca —bajé mi rostro y me dirigí hacia donde mi amiga Teresa—. Tenemos que buscar leña para el fuego, estos idiotas están jugando.
Teresa se giró a observarlos.
—¿Ustedes no piensan buscar la leña para la noche? —le preguntó Teresa a los muchachos.
Yo me giré a mirarlos a ellos también y nos prestaron atención.
—Búsquenlo ustedes, no todo tiene que ser nosotros —comentó Paolo.
Me dieron ganas de estrangularlo, que respuesta él nos había dado.
—¡Insolente! —le gritó Teresa.
—¡Inútiles! —les grité yo furiosa, me giré hacia donde Teresa para comunicarle que íbamos hacer—. Vamos, dejemos a estos idiotas aquí quietos. Tendremos que hacerlo nosotras.
Los dejamos tranquilos y nos movilizamos a través del bosque. No había otra solución, ellos de seguro iban a esperar la noche y yo no iba a estar de noche sin fogata. Pudimos visualizar un río, vaya no creí que estaba tan cerca, Teresa y yo pedimos recoger leña, luego de haber obtenido suficientes quisimos acercarnos al río, se veía lindo, nuestras miradas se detuvieron cuando vimos a un hombre del otro lado quitándose la ropa.
—Wow amiga —se expresó Teresa.
—Que maravilla —dije yo disfrutando de aquella escena—. Ese tipo ni siquiera se a percibido de nosotras.
—No. Aún no. Y está ricote.
Nos sorprendimos más cuando quedó totalmente sin nada. Finalmente se tiró al agua y comenzó a nadar. Mi amiga y yo observando aquella escena. Pero mi móvil sonó y salí de trance, me abajé para dejar la leña en el suelo, entonces tomé el móvil.
—¿Dónde diablos están ustedes? —me preguntó Yesther.
—Cerca del río idiota.
—¡Vengan ya!
Colgó el móvil. Guardé mi móvil y volví a colocarlo donde se encontraba, volví a tomar la leña yéndome con mi amiga de vuelta. Regresamos con la leña y ellos prepararon la fogata. Pudimos preparar algo para comer y los muchacho se retiraron temprano a la casa de campaña, Teresa hizo lo mismo pero yo no, yo me quedé ahí sentada sobre una piedra grande observando el alrededor, de un momento a otro vi un lobo acercarse y me asusté, pero vi que solo me miraba entonces me acordé de que quizás podría transformarse en hombre. De un momento a otro escuché una voz que me dijo que no tuviera miedo.
—¿Fuiste tú lobito? —pregunté idiotizada.
No escuché respuesta, entonces vi que el lobo se transformaba en hombre y justamente en aquel que vi desnudo junto con mi amiga y me sorprendió muchísimo.
—¿Tú?
—¿Qué hacías mirándome mientras yo nadaba en el río? —me preguntó él y yo sentía vergüenza.
Él sabía que yo lo estaba mirando y no sabía donde meter mi cara. Lo vi que sonreía.
—Descuida, entiendo de que soy apuesto, sexy y muy apeticible. Me llamo Ronald —se pronunció él.
—Soy Mariel. Y... En cuanto a lo del río fue sólo curiosidad.
—Lo sé. ¿Qué haces sola tú aquí?
—Mis amigos están en las casas de campañas, yo me quedé aquí porque quería respirar un poco el aire natural.
—¿De noche? No es bueno que estén mucho aquí. No quiero alarmarlos, pero sería mejor de que ustedes escogieran otro lugar.
Entendí perfectamente lo qué él había dicho y se lo iba a decir a mis amigos de que el día siguiente nos fuéramos para otro lugar.
—Está bien, gracias por tu advertencia Ronald. Mañana trataré de moverme de aquí con mis amigos.
—Perfecto. Me retiro.
Él se giró y se marchó del lugar dejándome sola. Por unos minutos me quedé recordando aquel tipo mientras mi corazón latía con fuerza. Era muy sexy y apuesto. Seguramente más nunca yo lo podía volver a ver. Cuando salí de mi trance entré a la casa de campaña recordando a Ronald, acomodé todo por dentro para dormir, me cambié de ropa para dormir. Tomé mi móvil y puse música para escuchar y me quedé dormida sin darme cuenta.