Siempre Fuiste tú.
No me explico aún como fue que quedé embarazada, pero veo la carita de mi pequeña y la verdad, si pudiese volver el tiempo atrás no cambiaría en absolutamente nada; daría lo mejor de mi por Mily, mi pequeño milagro inesperado.
Mis abuelos y mi madre se molestaron Mucho con semejante noticia, en especial el abuelo Alonso pues no sé cansaba de decir que la historia se repetía, pero obvio la historia de mi madre, está muy lejos de ser igual a mi historia, ella si tuvo una relación, un amor de adolescentes, de dónde el resultado fui yo otra decepción para la familia Mendoza.
El nacimiento de Emily causó una tormenta en la familia, mi madre y mi abuela perdieron sus trabajos, mi abuelo perdió su empleo y no contento con ello tuvo un accidente cardiovascular; yo fui expulsada del instituto por mi embarazo y comencé a trabajar con mi prima victoria.
Más que ayudarle a Vico terminé siendo una carga y por ese motivo, no pude seguir trabajando a su lado.
La tensión en casa era demasiada, salir de mi cuarto era motivo de discusión. Hace una semana todo estaba bien pero un mareo dió un giro a mi vida, el cual puso todo de cabeza.
—Angie cariño ¿Estás bien? —preguntaba una voz femenina, con evidente preocupación.
—Si estoy bien mami Beca.
—Hija debemos hablar, abre la puerta, te hice tu sandwich cómo te gustan, con bastante jamón y queso amarillo. —Dijo la mujer del otro lado de la puerta, con notoria preocupación por su nieta, que tenía casi dos días sin probar bocado.
—No tengo hambre —respondí tirándome a la cama, abrazando fuerte un oso de peluche, que tenía desde que era niña.
—Ángela debes comer, si no es por ti, que sea por ese bebé que esperas. —insistió la mujer al otro lado de la puerta.
Me levanté de la cama como un resorte, para abrir la puerta mi abuela entró y puso una bandeja de madera con dos sandwiches en un plato y un vaso de jugo de naranja.
—Mi mamá ¿Ya se fue? —pregunte a mi abuela. —Tomando uno de los sandwiches y darle un mordisco.
—Si anda buscando algunas cosas en el colegio. —Rebeca guardó silencio, la situación de su nieta había convertido su casa en un campo minado—; Angie mami tú sabes que puedes hablar conmigo, yo no soy como Isabel, ni como Alonso, yo te escucharé sin interrumpirte y mucho menos juzgarte. —La mujer se mostró calmada para dar confianza a la muchacha de hablar.
Suspiré cansada, no iba a decir nada nuevo, no porque no quisiese si no porque simplemente, no tenía nada que decir, se que nunca me creerían yo tampoco habría creído esto, si me lo hubieran contado hace tiempo atrás.
Limpié con una servilleta mis labios, los restos de mantequilla y migajas de pan.
—Mami beca, sabes que eres mi segunda madre —mi voz se cortaba, las lágrimas querían salir—, yo nunca he mentido y nadie me conoce mejor que tú, si pudiera probar lo que digo lo haría.
—Si hija, que bueno que lo sabes, pero tu situación tiene que tener una explicación, madre virgen solo María y tú hija, no eres Maria.
Suspiré ya cansada de repetir lo mismo, ya parecía un periquito repite, que repite, pero no iba a inventar un padre, un culpable, para mí embarazo. Porque simplemente no existia tal persona.
—Como lo he repetido hasta el cansancio mami Beca, yo no he tenido relaciones con nadie, no tengo novio, ni nada por el estilo.
—Esta bien Ángela, mira la cosa es que estás embarazada y del espíritu santo no es mijita. —Razonó Rebeca exasperada por no obtener respuesta.
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—¡Ya estarás contenta! —bramó una mujer delgada, de cabello n***o y ojos de un llamativo color oliva.
—Ya para Isabel, ya es suficiente con Alonso en el hospital, si no te calmas a ti también te va a dar un infarto mujer.
—¿Y como pretendes que me calme? —empero una iracunda Isabel cruzandose de brazos.
Salí del hospital corriendo, sin detenerme, tropezando más de una vez con un par de personas.
Tome asiento en uno de los bancos, en el pequeño jardín del hospital, ya mi vientre se había comenzado a notar un poco, pero con ropa holgada se lograba ocultar.
Mi familia me odiaba, era la burla y el motivo de cotilleo en mi barrio, además mi mejor amiga murió de una manera trágica y ahora mu abuelo Alonso se puso mal de salud y todo por mi culpa.
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Treinta de junio el día había llegado, literalmente mi hija fue mi regalo de cumpleaños.
—Esta preciosa ¿Cómo se llamará? —preguntó Rebeca tomando una foto a su nueva nieta.
—Emily, Emily Mendoza Crowtter.
—Pero que lindo nombre Angie.
—¿Dónde está mi mamá? —desde antes de tener mi cesárea ya mi madre se había ido.
—Ángela tu madre consiguió trabajo, a parte de la academia, ahora en el grupo Lombardo.
—Si lo recuerdo —mi Madre me lo mencionó pero lo había olvidado—, bueno es de esperarse mi madre es muy inteligente, además habla varios idiomas.
Iba a preguntar por mi abuelo Alonso, pero sabía que era tonto preguntar él no iba a venir a verme.
—Ángie feliz cumpleaños mi amor, tu abuelo también te manda felicidades y buenos deseos, para ti y para la chiquita.
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Un mes paso y si no fuera por mi madre y mi abuela, ya me habría vuelto loca.
—Mily nena cada vez que vengo a verte estás más guapa.
—Cada vez se parece menos a mi. —Mily no sacó ningún rasgo mío, los días transcurrieron rápidos ya Mily había cumplido su primer mes, su piel era blanca y sus cabellos rubios claros, nada que ver conmigo y mi familia, sus ojos eran de un i azul muy llamativo.
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Sofia y Artemis Lombardi ante todos eran un matrimonio perfecto ella una hermosa y codiciada modelo de fama internacional. Él un apuesto millonario, uno de los herederos del grupo Lombardi un imperio farmacéutico de renombre a nivel mundial.
Pese a su gran fortuna, Artemis laboraba como médico, en el hospital Luciano Lombardi, fundado por su abuelo. A raíz de un agresivo cáncer decidió dedicarse a lo que de verdad quería y dejó a su tía la responsabilidad del negocio familiar.
Helios Lombardi hermano menor de Artemis, un joven viudo, también llamado la oveja negra, pues desde temprana edad fue un rebelde sin causa, él tampoco quiso hacerse cargo de la empresa de su familia, desde temprana edad se inclinó por la música y con el tiempo Helios y sus amigos fundaron Nova una banda musical aclamada en todo el mundo.
Desde la perdida de Lara su esposa, Helios se sumió en una vida de excesos de la cual no le fue fácil salir, gracias a sus amigos Lucas y Abel que le sugirieron terminar sus estudios y retomar su vida. Pero internamente no superaba aquella perdida que apagó la vida de su esposa y su hijo no nacido.
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