Un hombre alto de cabeza rapada y estatura considerable al igual que sus brazos. Tocó la puerta de su jefe poco después abrió. —Aquí está la chica señor. —Perfecto Carlos puedes retirarte, pero quedate cerca. El fornido hombre rapado asintió cómo respuesta, luego se retiró de la oscura oficina dejando solos a su jefe y a la rubia recién llegada. El lugar tenía un fuerte aroma a puro y otro extraño aroma dulzón que no logré identificar. —Linda oficina. —Dije para cortar el incómodo silencio. —Oh preciosa muchas gracias, eres modesta linda esto es un tiradero —dijo el hombre soltando una sonora carcajada—, enserio eres muy modesta, alguien como tú está acostumbrada a otras cosas. —Frederick sacó uno de sus habanos y lo encendió dió una larga calada sin dejar de mirar a la rubi

