Estaba furiosa todo se había ido al demonio, estuvo a punto de echarse todo al traste. —¡Te dije que ese imbécil llamaría a la policía! —reclamó Edward golpeando la puerta del auto. —Bueno no creí que eso fuese a suceder, Artemis adora a esa mocosa pensé que sería más cuidadoso. —¿Enserio? —empero el hombre con ironía—, Tabita Fred nos va a matar, ahora tenemos a la hija de esos ricachones llorando, la policía respirando en nuestros cuellos y a Frederick pensando en dónde arrojar nuestros cuerpos cuando nos mate y todo por tu magnífica idea de secuestrar a esa niña... El moreno dejó de hablar pues alguien tocaba el cristal de la puerta del auto. —¿Si? —bajó el vidrio de la ventanilla, Ryan el hijo y mano derecha de Frederick Cruz, el dueño de una cadena de bares en Estados Unidos,

