Seis años después. Desperté porque sentía mucho peso a mi alrededor, intenté levantarme pero fue imposible con los dos bultos que no me dejaban moverme con libertad. —Mi principe helado ¿Estás despierto? —pregunté bajito para no despertar a los dos bultos a mi alrededor. —Si mi ángel estoy despierto hace rato. —Respondió Artemis en un tono bajo de voz. —¿Puedes hacer el desayuno? —pedí de manera tierna a Artemis—, es que no quiero despertar a las niñas. El pelinegro alzó una ceja no muy convencido, del alegato de su esposa a no querer hacer el desayuno. —Tienes razón mi ángel yo le haré el desayuno a mis tres princesas, en vez de ir a el lago, en casa de Nicholas y Rose nos quedaremos en casa todo el día en la cama. Dijo aquello para comprobar si cierto par de niñas rubias, se

