Capitulo 1

1652 Palabras
Salvatore   Me pregunté por mucho tiempo, ¿que se sentiría volver a tenerla al frente? porque es que a veces sentía como que la había enterrado en lo más profundo, pero entonces nunca pude borrar sus fotos de mi móvil y cuando tomaba ahí iba yo a la carpeta que tenía su nombre para mirarla.   No se me había hecho fácil pasar 365 días sin ella a mi lado, sentía que se habían multiplicado por dos y que las horas corrían de manera lenta.   Para engañar mi dolor empecé a trabajar sin descanso, incluyendo los sábados y domingos. Conocí muchos bares de los cuales siempre salía peor de como llegaba porque si intentaba tocar a una mujer, cuando me acercaba a su cuello y notaba que no tenía el aroma de Elira inmediatamente la rechazaba aunque estuviera bajo los efectos del alcohol, mi sistema no me engañaba y ni sobrio ni borracho la olvidaba.   A los seis meses de lo nuestro haber terminado regresé a la mansión, y no pude evitar sentir la diferencia del antes y después. Cuando ella estaba la casa olía siempre a flores y desprendía mucha paz, pero ahora es deprimente estar en ella y aunque mi madre sigue viviendo allí ya no le gusta pasar mucho tiempo en la casa.   Ni siquiera he podido abrir nuestra habitación después de todo lo sucedido, tengo miedo de hacerlo, tampoco he podido ver sus pinturas, porque juraba que si desbloqueaba algo ya totalmente tachado, entonces iría a buscarla, y no quería, no me lo podía permitir.   Por eso, porque no podía estar viviendo en la casa en la que habitaba en cada rincón su recuerdo, compré un apartamento pequeño, en donde yo solo tratara de curar mis heridas poco a poco, a pesar de que nunca han terminado de sanar o ni siquiera han empezado a hacerlo.   A los hombres también nos hieren. Un hombre, ya sea como amigo, esposo, hermano, padre, novio o amante, puede aportar en la vida de una mujer cosas maravillosas.   A veces a las mujeres se les olvida, que también sentimos, que nos enamoramos, que nos conmovemos ante las manifestaciones de ternura y que valoramos la esencia femenina.   No siempre son ustedes las que necesitan ser rescatadas, a veces esa salvación del alma resulta mutua, cuando se cuenta con la fortuna de encajar perfectamente a nivel emocional.   Como tampoco un oficio define tus sentimientos o al nivel que puedas amar. Siempre he dicho que los trabajos u oficios no son un límite para tu sentir o ser bueno con quienes amas.   Si eres constructor no porque tu empleo sea ejerciendo fuerza, rudeza o actos ásperos significa que tengas que ser así con tu novia, mujer o hermana. Así que, ¿yo por ser un mafioso no siento? ¿A caso no tengo un corazón? ¿Me lo sacaron y vivo por qué razón? ¿Sin alma? Cuán equivocado están todos los que piensan que un oficio es un límite para amar o sentir.   Analicé tanto a Elira mientras no podía dormir por las noches, que llegué a la conclusión de que no me amo ni un poco, en comparación como la amo yo a ella.   -Señor, en síntesis, ¿cuáles son los pasantes que se quedaran trabajando en la clínica? - escuché a mi secretaria preguntarme mientras me encontraba perdido en lo hermosa que se veía Elira hoy.   Maldición, les juro que no había tenido intención alguna de encontrarme con ella. ¿Que sabía yo que de su universidad la enviarían justamente a mi clínica para hacer la pasantía?   Recién aterrizo, hago mi entrada y después de evaluar decenas de pasantes pocos preparados para mí, pasó ella, deslumbrándome con su cabello ondulado, llevando un vestido rojo ajustado a su delgada figura, que le quedaba a la perfección, mientras en sus labios llevaba un hermoso labial rojo del mismo color del vestido que le hacía ver su boca mucho más apetecible. Con un expediente radiante, y un muy buen índice académico que la hacía graduarse con honores.   Y háganme la pregunta, ¿que sentí yo?   Les respondo que sentí de nuevo todos aquellos sentimientos que creía que al menos habían disminuido un poco, los sentía más intensos porque eso era lo que me gustaba, sentirme provocado por ella.   Mirarla tan sorprendida como yo me hizo darme cuenta de que aún me desea, que aún le importo y que no estoy tachado en su vida.   Sé que estaba nerviosa, pero la conozco tanto que pude notar como se tragaba sus nervios para no quedar mal delante de mí, porque es que nadie la conoce más que yo, ni existirá una persona que lo haga.   Otra vez apareció para enloquecerme.   -La Dra. Evans - le contesté   Ella me mira y me sonríe.   -Ella es fantástica, sabía que la elegiría porque es muy buena en lo que hace. Durante la pasantía ha sido la doctora con más pacientes, además que han venido muchos hombres preguntando si la Dr. no da consultas particulares- me informó la típica secretaria media chismosa.   Una sensación muy conocida para mí se apoderó de mi ser, pude sentir mi sangre hervir y aunque quise evitarlo, no pude contenerme, cerré mis puños, molesto.   -¿Como que terapias particulares? - le pregunté   -Si, a solas. O sea un paciente recibir terapia con ella. Lo que me parece muy gracioso señor, se supone que ella ofrece terapia para parejas, no que quieran formalizar con la Dra. - río por debajo.   -Le va a decir también a la Dra. Evans, que tiene prohibido brindar consultas que no sean de parejas -   ¿Que fue eso Salvatore? ¿A penas vuelves a verla y ya quieres prohibirle? ¿Esta vez con que excusa? ¿Con que eres su jefe?   Pues claro.   -No será hasta que le toque volver, porque mañana es la graduación de la Dra. así que no vendrá. Que por cierto, está usted invitado, pero me dijo que no iría, la señora Margot se quedó esperando que la acompañara - me informó.   Margot era una compañera de trabajo que me había estado llevando el proceso de todo en la clínica. Ella fue la encargada de inaugurarla mientras yo llegaba de Italia, aunque tengo entendido que es maestra también y al parecer ejerce en la misma universidad que estudia Elira.   -Emm... llama a Margot y avísale que su voy a quedar con ella. Cambié de planes y quiero ir a ver la graduación de los pasantes - le comuniqué mirándola asentir.   -Como diga, señor-   ¿Quieres ir a ver los pasantes o a Elira Salvatore?   Narra Elira   -Tienes que decidirte por un vestido mujer! - escuché a Marcos decirme en la tienda.   Marcos es un amigo que me había conseguido, se mudó al lado de mi casa y estudiamos en la misma universidad pero no iguales carreras, sin embargo, nos graduaremos juntos.   -No sé por cual decidirme -le dije mirando las tres opciones.   -Ya te dije que el rojo, que te ves preciosa con ese color - me dijo suspirando.   -Ya sé, pero ...-   -Él tiene razón Elira - esa voz... esa voz tan querida me interrumpió.   Marcos y yo nos giramos muy de pronto.   -Adriano- me quedé estática mientras lo miraba sonreírme.   Me abrió los brazos para que corriera a ellos, y así lo hice.   Me envolvió de un calor tan familiar, querido y extrañado, haciéndome sentir como en casa.   -Linda, ¿cómo estás? - me apretó contra su cuerpo colocando su mano en mi cabello.   -Mejor ahora - emití muy contenta.   Nos separamos para mirarnos a la cara.   -Me alegra tanto verte, ¿quién es él? - de inmediato su voz cambió de dulce a muy ruda, refiriéndose a Marcos, quien lo miraba mordiendo sus uñas.   -Adriano, él es Marcos, mi vecino y amigo de la universidad. Marcos él es Adriano, mi excuñado - los presenté   - Mucho gusto, querido- le tendió la mano Marcos a Adri, haciéndole ojos lindos.   -No, yo no le doy la mano a los hombres. Solo soy de las mujeres - le hizo énfasis el mafioso.   -Que odioso tu excuñado, amiga. Te voy a dejar con él entonces, porque yo tengo que irme hacer la manicura para que mis manos salgan relucientes en las fotos mañana. Chao chao - se despidió de mi con un beso en cada mejilla.   -Chao chao, cuídate- le dije regalándole media sonrisa.   -Adiós odioso guapetón- se despidió descaradamente Marcos de Adriano.   Adri rodó los ojos haciéndose a un lado.   - Al menos sabes lo que haces, y te buscaste un amigo Gay - lo escuché decirme todo rudo.   -Por qué dices eso? - le pregunté extrañada   -Es que lo hubiera matado Salvatore o yo. No queremos idiotas a tu lado - me dijo todo sobreprotector.   Chasqueé.   -Mejor cuéntame cómo me encontraste? Como has estado y háblame de Amelia - le dije tomándolo por el brazo.   -Mamá está muy triste desde que te fuiste. Yo siempre he sabido donde has estado, no he podido estar tranquilo. Tenía que saber que estabas a salvo cuando vi que en realidad Salvatore actuaba como que nada le importaba - me contestó bajándome el ánimo.   -Él no quiere saber de mi - emití sintiendo mi corazón encogerse.   -Solo está actuando, haciéndose el fuerte. Pero no ha dejado de amarte. Elira, he venido por ti. Tienes que volver con Salvatore porque nada es igual desde que no estás, y no me importa que estén peleados a muerte, o que hayan hecho un pacto con el diablo. Se van a unir de nuevo, porque ustedes están hechos uno para el otro. Mientras, necesitamos llevarnos ese vestido rojo y luego nos iremos a comer algo rico para hablar sobre lo que haremos. El vestido te lo compraré yo, es un regalo por graduarte y no te atrevas a negarte. Soy un Lombardo y ya sabes lo que dicen por ahí, con nosotros nadie puede-
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