Salvatore. La tensión en la sala fue notoria desde el primer instante, pero se agudizó más tras mis palabras inminentes llenas de coraje, pues no iba a bajar la guardia ni mucho menos lloraría por paz entre su mafia y la mía. Yo no soy hombre de rogar, y no me arrepiento de lo que hice. -Fue mi hijo al que mató. Que no se le olvide - lo escuché decir tan solo. -Y fue a mi mujer quien está embarazada a la que le faltó el respeto queriéndoselas follar frente a mis narices. Que no se le olvide - imité su mismo tono arrogante. -Imagine que hubiera sido a su mujer la que le hubiesen faltado el respeto. Delante de usted, un hombre tan enaltecido y poderoso. Que hubiera hecho? - le preguntó Adriano recostándose de la silla mientras sacaba un cigarro de su bolsillo y lo encendía rá

