El cielo se encuentra encapotado, la meteorología había pronosticado una fuerte tormenta entre el mediodía y la noche. Por esa razón, suspendimos el ateneo esa tarde; aún así, estoy en el vestidor de la segunda cancha, había guardado allí ciertas cosas mías, y como ya se está acabando el año, tengo que recogerlas. Al salir del vestidor, siento impetuosos vientos ingresando por la entrada de la cancha, trayendo consigo polvos y hojas que golpean en la cara.
Quizás no sea buena idea que vaya a casa ahora.
Camino hasta el centro y me tiendo en el suelo, mirando el tinglado, perdida nuevamente en mis profundos pensamientos. Cuando giro la cabeza hacia un costado, veo la silueta de Santiago aproximándose. Me incorporo y lo espero hasta que llega.
—Hola... —dice, con la cabeza gacha.
—Hola Santiago —mi mirada está incrustada en él— ¿Qué haces aquí? ¿No oíste que habría una tormenta?
—Estaba por marcharme, pero te vi entrar —responde.
—Oh... —silencio—. Ya me enteré de las nuevas noticias —digo repentinamente—. Felicidades, me alegro por ti —fuerzo una sonrisa.
Santiago levanta la cabeza y me mira, tiene una semblante de tristeza.
—Iba a decírtelo —arruga la frente y aprieta el puño.
—Está bien, no estoy enfadada ni nada como eso —intento calmarlo —siempre fui la más interesada en que Paloma y tú fueran novios.
—J-juro que todo lo que dije fue verdad —comienza a ponerse nervioso.
—Santiago, nunca dudé de ti —miento—. Si vienes a pedirme disculpas, déjame decirte que no tienes que hacerlo. No me debes explicaciones y no tienes porqué sentirte mal por tu decisión, yo la apoyo —me aproximo a él y coloco mi mano sobre su hombro, a lo que me toma del brazo, me estira hacia su pecho y me abraza con fuerza. Me quedo helada.
—Oye, si alguien nos encuentra de esta manera no sabré cómo explicarlo —me cuesta respirar, empiezo a sentirme ansiosa.
—Me haré responsable —contesta con seriedad —ahora quiero hablar contigo, por favor, solo escúchame —muevo la cabeza de arriba a abajo en señal de aprobación, mientras me sigue sosteniendo en sus brazos.
—Dalila... Decidí darme una oportunidad con Paloma —señala, en voz baja pero clara —sin embargo, todo lo que dije fue verdad. Me enamoré de ti y deseaba que lo nuestro avanzara, estaba dispuesto a ir detrás tuyo a donde fuere, a valorarte y a tratarte como te mereces.
—Lo sé —agrego— pero tardé demasiado en darte una respuesta y tú estás en todo tu derecho de probar con alguien más —establezco.
—No pienses eso, el tiempo no tiene nada que ver. Te hubiera esperado meses, incluso años si era necesario —manifiesta—. Sin embargo, existen ciertas razones que me llevaron a tomar esta decisión.
¿De qué razones habla? Es evidente que el motivo principal es que sigue queriendo a Paloma.
—Conozco la razón —asevero—. Sientes algo por ella, siempre fue así. Nunca has dejado de quererla.
—Mis sentimientos hacia ti son aún más fuertes —expresa.
No lo entiendo.
Me aparto de sus brazos y me alejo de él unos pasos para mirarlo a la cara.
—Entonces, ¿qué significa todo esto? —cuestiono, perpleja.
—Lo que sucede es que Diego es mi amigo, Dalila. Y él... Aún te ama —suelta.
¿Que Diego qué? Debe estar bromeando.
Dejo escapar una risa irónica, sin podes ocultar mi disgusto.
—He procurado ignorarlo, conveciéndome a mí mismo de que, como él te lastimó, no estaría en posición de enfadarse conmigo si pretendo hacerte feliz. Aún así, siempre me ha inquietado esa incertidumbre. ¿Qué pasaría con nuestra amistad si le daba prioridad a este sentimiento? Diego ha sido mi amigo durante años, y yo... Simplemente...
—Tu amistad con él es más importante para ti que lo que sientes por mí —termino de completar lo que intentaba decir.
—Dalila... Creo que tú también lo sigues queriendo —señala.
—¿Qué dices? Eso no es verdad.
—¿Estás segura? ¿Puedes jurarlo?
—Y-Yo... Ya no lo quiero...
Hablo en serio, ya no quiero a Diego.
Ya no siento nada por él.
Ya no deseo quererlo más... Ya no.
—De todos modos, podrías volver a enamorarte de él —sostiene.
—¿Qué te hace pensar eso? —refunfuño.
—Sé perfectamente cuán cautivada estabas por Diego, y eso no puede desvanecerse en tan poco tiempo —suspira—. En fin, solo vengo a disculparme por todas las promesas que ya no podré cumplir y a dejarte en claro que mis sentimientos hacia ti fueron reales.
¿Fueron? ¿Tan rápido se olvidó de mí?
—Está bien, Santiago. No tenías que hacerlo. Si no tienes nada más que decir, entonces terminémoslo aquí —comienzo a caminar para salir de la cancha, pero me toma ligeramente de la muñeca.
—Sé honesta. Estás enfadada, ¿cierto? —pregunta.
—No —niego sin titubear.
En realidad, no lo estoy. No estoy enojada, lo que siento es frustración.
—No quiero que tengas una idea equivocada sobre mí... —agrega.
—Pues no las tengo.
—¿Seguiremos... Siendo amigos?
Ni siquiera sé cómo reaccionar. ¿Podré continuar actuando como una amiga? ¿Estaría mal si me alejara de él por esto?
—Si te incomoda estar a mi lado, no te detendré —expone—. Respetaré lo que elijas.
¿Es tan fácil para él simplemente aceptarlo?
—Da igual, haz lo que quieras —quito mi mano, logrando que me suelte.
—Aún deseo estar cerca de ti —expresa.
—No creo que a Paloma le agrade la idea —añado.
—No dejaré que se oponga a nuestra amistad —asevera.
Exhalo ruidosamente y paso la mano sobre mi nunca. Toda esta situación me está estresando, y ya no tiene caso dar tantas vueltas. Santiago está con ella ahora, esa es la realidad; y, percibo que no tiene pensado dar marcha atrás.
—Está bien, Santiago. Sin embargo, no puedo prometerte que las cosas serán como antes. Ya no podremos pasar tanto tiempo juntos, tu novia no lo vería bien. Por lo tanto, seguiremos siendo amigos, pero manteniendo la distancia entre nosotros —establezco.
No parece estar satisfecho, sin embargo, sabe que es lo único que puedo ofrecerle. Si ya me cerró las puertas, no esperaré frente a ellas a que alguna vez vuelvan a ser abiertas. Tengo que avanzar.
—De acuerdo —acepta a regañadientes.
—Perfecto.
—Antes de que te vayas, quisiera hacerte una última pregunta.
—Dime...
Se aproxima y se coloca delante de mí, adoptando una postura firme.
—¿Me habrías dado una oportunidad? —cuestiona— Me refiero a que, en ese lapso en que tus heridas sanaban, ¿surgió algún tipo de sentimiento especial hacia mí? Hasta este momento, ni siquiera puedo afirmar de qué manera me veías porque nunca me lo dijiste —sostiene.
Siempre vi a Santiago como el chico más noble que conocí. Lo apreciaba bastante debido a que éramos muy cercanos y, en verdad, quise enamorarme de él. Pero no lo logré. Solo me volví dependiente de su cariño y me acostumbré a su compañía, me acomodé ante sus sentimientos, creyendo de forma soberbia que no cambiarían. Pensé que lo tenía asegurado, pero el destino me dio una bofetada cuando él y Paloma descubrieron lo que sentían uno por el otro.
Las personas están en una transformación constante, así que fue tonto pensar que Santiago me esperaría hasta el final.
Ahora, volveré a caminar solitaria, sin tener a nadie que responda a mis llamadas, o que me marque en la noche, lo que él hacía en ocasiones. No recibiré sus mensajes de aliento, ni me sentaré en las gradas a observarlo mientras juega, para regresar a casa juntos.
Se acabó. Ya no quedan más esperanzas.
Considerando las circunstancias, tampoco tiene caso que sepa lo que pensaba de él. Escogió su rumbo, por lo que debe continuar yendo hacia la misma dirección.
—Sea lo que sea que haya sentido por ti, ya nunca lo sabrás —establezco.
Esas fueron mis últimas palabras, pues me alejo de su presencia y salgo de la cancha. Aunque ya empezó a llover, no me detendré. No puedo seguir aquí, tomaré un taxi y me iré a casa.