Lina Estar despierta justo en ese momento, no me hizo nada de gracia. Quería lanzar el despertador y romperlo en mil pedazos, pero el no tenía la culpa, yo lo habia programado a esa hora. 18 horas. Me levanté rápidamente para ducharme. Esa tarde el pintor llevaría el cuadro con el rostro de Jino. Al bajar, me encontré con mamá acompañada de la vecina, una de sus amigas. Esta señora me miró sorprendida, pero entendía porque. La hija rara de su amiga habia salido de día, habia salido de su encierro. -Buenas tardes.- hice una pequeña reverencia. En otro momento me hubiese molestado, pero ya no... yo estaba dispuesto a cambiar un poco mi vida, y la única razón era Jino. -¿Sales?.- preguntó mamá. -Voy al café.- le sonreí y ella correspondió.- Adios. -Adios. Salí de casa, me subí

