—¿Qué quieren todos los que vienen a visitarte, Faraday? Necesito documentos de viaje para poder salir del país —dijo Agonía mientras se sentaba en la silla frente al escritorio, cruzando una pierna con indiferencia. Observó cómo sus garras se encogían, como si se aburrieran, al oír el ligero aumento en los latidos del otro hombre. La satisfacción lo invadió, una embriagadora sensación de poder emergió rápidamente. Faraday hizo bien en temerle, y le cautivó saber que el otro hombre también lo hacía. —Necesito un nombre e información personal. ¿Para cuándo? —Faraday se puso serio, sentado con los dedos sobre el teclado de su portátil y la mirada impaciente mientras observaba a su visitante. —Ahora mismo. El otro hombre abrió mucho los ojos, la ira se enfrentaba al miedo constante en su m

