Estuvimos en un silencio incomodo por 5 segundos hasta que el hablo. —Discúlpame— dijo antes de salir de nuestra habitación muy desorientado. Yo tenía razón, él no estaba listo para esto. No sabía qué hacer, como reaccionar, solo se me salieron varias lágrimas de los ojos. Buscarlo o dejar que vuelva, otra pelea, otra disculpa, otra reconciliación. ¿Cuánto más debía tolerar? ¿Qué discusión no hemos tenido aún? ¿Qué falta para que lo nuestro se termine? Porque aún estoy ciega de amor y me lo demostró hoy, ahora. No estábamos listos para este gran cambio, él no lo estaba. Me levante de esa absurda cama y camine hasta la habitación de huéspedes, ahí estaba el maldito cobarde. Encendí las luces y le quité las sabanas. —Escúchame Nate. Esta vez no voy a sufrir yo, maldita sea. Asume tus res

