Narra Elena.
Decidí que debía pensar si aceptar el puesto, era complicado ya con la universidad. Por otro lado, claro que es puesto me sería útil y me beneficiaria mucho en el futuro, era una puerta para mí y todo en mi decía que aceptara, sin embargo, no sería yo si no obtengo la aprobación de alguien más.
Me cambie rápidamente para ir a clases, quería hablar con el profesor Henri de esto, es de gran ayuda y alguien que me puede aconsejar mejor.
Cuando llegue al campus y estacione, corrí ya que estaba llegando tarde. No debí quedarme tanto tiempo en la cama pensando. Entré al salón y sin fijarme en nada fui directo al asiento que acostumbraba a usar, al sentarme y ver hacia el frente vi que el profesor Henri no estaba solo, iba acompañado de Nate, ambos estaban hablando muy serios hasta que el profesor volteó a verme y Nate se sumó a la mirada. Parecía que yo estaba en grandes problemas, comencé a ponerme nerviosa.
—Elena, podrías acercarte un momento? por favor—me llamó Henri. Yo asentí dubitativa de porqué ambos me miraban con esas caras. —El señor Hills quiere hablar contigo, puedes acompañarlo si quieres.
—Sí, claro—pronuncie aun un poco asustada por si había hecho algo mal. Nate me abrió la puerta y ambos salimos.
—Siento la repentina visita a tu universidad, pero Henri me pidió dar algunas charlas en otras clases. Y de hecho quería aprovechar el momento para hablar contigo por lo de esta mañana, seguramente fue repentino para ti, pero después de haberlo pensado creí que era una buena oportunidad de involucrar jóvenes como tú a la empresa—me contaba mientras caminábamos por el jardín del campus.
—Me siento muy halagada de que haya pensado en mi señor Hills, creo que es una gran oportunidad para mí y muchos otros. Le dije a su secretaria que lo pensaría, ya que necesito hablarlo con el profesor Henri—le dije mientras el asentía.
—De hecho, ya lo hablé con él, pero dejare que también te dé su punto de vista—dijo dejando de caminar y yo también deje de hacerlo para ver como sacaba de su bolsillo delantero una tarjeta de contacto. —Me avisas cuando tengas una respuesta, estaremos esperándote. De todas formas, gracias por tu tiempo Elena—me saludó y lo vi alejarse. Guarde la tarjeta en mi pantalón mientras volvía a la clase, al entrar todos estaban en silencio escribiendo y Henri corrigiendo ensayos, hasta que me vio y me hizo una seña para que me acerara.
—¿Y bien? —preguntó el interesado en mi respuesta.
—¿Usted cree que debería aceptar?
—Yo no puedo contestar eso Elena. Solo creo que es una buena oportunidad para ti y para aprender mucho más, una experiencia que la universidad no te dará como tal.
—Gracias por responder, me ayudo—le dije y el me sonrió antes de volverme a sentar en mi lugar.
Al salir de clases, ya tenía mi respuesta segura. Entré a mi auto y conduje a casa, al entrar en mi habitación con el teléfono en mano, marqué el nuevo número que Nate me había dado.
—Hola, ¿hablo con la oficina del señor Hills? —pregunté.
—Sí, habla Nate Hills. ¿Elena? —preguntó el reconociendo mi voz. No era un nuevo número de su oficina, era su número privado y ya cavaba de pasar vergüenza.
—Nate, creí que era el número de tu oficina. Siento molestarte a esta hora, solo llamaba para decirte que ya tengo mi respuesta y es que aceptaré el puesto—dije nerviosa e insegura, aun insegura de todo y de si debía aceptar, pero era tarde y sentía que así debía ser.
—Es una muy buena noticia, me alegra que hayas aceptado y a todos en la empresa. Podrías enviarme un mensaje con tus horarios de clase u horarios donde no puedas asistir, así podríamos organizarnos—dijo el esperando una respuesta.
—También me alegra haber aceptado. Claro lo enviare enseguida—conteste.
—Muy bien Elena, entonces por la mañana te avisaré el horario en el que puedes ir. Ahora que tengas buenas noches—saludó el.
—Gracias por la oportunidad. Buenas noches—dije y corté la llamada.
Inmediatamente fui hasta mi escrito y le tomé una fotografía a mis horarios para enviársela. Luego soló puse la alarma temprano por si Nate me respondía y debía ir mañana. Me quité toda la ropa y me metí en la cama quedando profundamente dormida
Narra Nate.
Estaba saliendo del trabajo apresurado y por suerte afuera estaba Clai, chofer de la compañía, ya conmigo adentro le indiqué que fuera hasta la escuela de Emma. Me odiaba, debía recogerla temprano y no sucedió, es muy muy tarde. Al llegar me bajé y la vi sentada sola en un banco mientras miraba sus pequeños pies que no llegaban al suelo. Yo había llegado tarde y sabía que estaba triste, y aun así me duele muchísimo.
—Señor Hills—me llamó la maestra de Emma.
—Señorita Alice—saludé mientras Emma nos observaba.
—¿Podríamos hablar Señor Hills? —preguntó ella y parecía enfadada.
—Claro que si ¿Sucedió algo con Emma? —pregunté preocupado acercándome a la altura de mi hija.
—Sí, pero no con Emma, con usted—dijo y comprendí que alguien más me regañaría por llegar tarde y decepcionar a mi hija. —Mejor voy a citarlo mañana a las 10 para hablar, sea puntual por favor—dijo en un tono serio antes de saludar a Emma con un abrazo y desaparecer.
—Bien—susurré, pero ella ya se había ido. Tomé la mano de Emma que ya estaba a mi lado, pero ella me la saco, corrió hasta la camioneta y se subió en el asiento trasero y yo la seguí
—Llévanos a casa, por favor Clai—dijo ella con la voz apagada.
—Claro señorita Hills—dijo el manejando hasta el departamento. Al llegar Emma corrió hasta su habitación y cerró la puerta.
—Gracias Marcus—dije y entré yo también a casa.
—¿Que le hiciste a Emma? —preguntó su nana cruzada de brazos y viéndome fijamente con una expresión molesta.
—Llegué un poco tarde—me excusé.
—Ella dijo que fue más de una hora—negó con desaprobación y subió directo a la habitación de Emma.
¿Alguien más deseaba hacer fila para reprocharme algo más? Nadie notaba que estaba haciendo lo que podía.
Sin hambre yo me fui directo a mi habitación. Sabía que hablar con Emma en este momento sería una pérdida de tiempo, no me escucharía, la mejor opción era que hable con nana ahora.
Fui hasta mi oficina y de repente recibo una llamada desconocida, al atender reconocí la voz de Elena. Al fin una buena noticia, ella había aceptado el puesto, estaba seguro que ella es lo que necesitábamos en la oficina. Más tarde me envió sus horarios para coordinar su primer día, lo imprimí y luego de organizar un poco de papelerío del trabajo y cuando creí que ya era tarde, fui a la habitación de Emma para darle las buenas noches, toqué la puerta y entré, ya estaba acostada así que me arrodillé a la altura de la cama.
—Lo siento mucho. Buenas noches princesa—dije y le di su un beso en la frente antes de salir.
—Buenas noches papá—susurró antes de que yo cerrara la puerta.
Me recordaba a su madre, a quien Emma extrañaba tanto y necesitaba en su vida. Camine a mi habitación, me acosté y al segundo me quede profundamente dormido.