Estaba desconsolada, Nate me abrazaba o mejor dicho estaba evitando que yo golpeara a un doctor para que soltaran a Emma. Le taparon la cara, yo no quería que lo hicieran. Quería verla correr y sonreír a donde quiera que vayamos. Ya en el pasillo, Nate seguía abrazándome. Podía escuchar como lloraba y él también me oía. No quería soltarlo. —Es mejor que llame a mi familia. Tú has lo mismo— me dijo besando mi frente antes de alejarse un poco, aun destruido y sin calmar el llanto. Caí en el asiento de la sala de espera. Tomé débilmente mi teléfono y marqué a mi padre. Intente tranquilizarme para poder hablar, pero fue imposible, hasta estaba peor. —Papá—dije cuando contesto. —¿Elena? ¿Qué pasa? ¿Por qué lloras? — tenía voz de dormido. Eran las 5 am. —Es Emma, papá. Está muerta— aún más

