Entré a la habitación de Jolie después de que me indicaron que había despertado. Ella se encontraba con su mirada perdida hacia la ventana, se le veía demacrada y muy pálida. Me acerqué y me senté a su lado, logrando que su atención se centrara en mí. De inmediato, sus ojos se llenaron de lágrimas, por lo que, tomé su mano y la llevé hasta mis labios para depositar pequeños besos en ella. —Estás aquí —su voz apenas era audible, lo que me indicó que se encontraba muy débil—, perdóname, Col. —No, Jolie. Soy yo quien tiene que pedirte perdón —musité, sintiendo como las lágrimas amenazaban con salir—, siento tanto haberte hecho sentir abandonada; pero quiero que sepas que siempre estaré a tu lado; soy tu hermana y jamás voy a abandonarte. ¿Quedó claro? Ella asintió. Innumerables sollozos la

