No entendía qué carajos hacía yo en aquel lugar. No quería aceptarlo, pero aquel hombre lograba intimidarme con facilidad, lo que en parte podía entender el temor que la madre de Adrien le tenía. Quizás simplemente no era amor lo que ella sentía hacia él, sino miedo. Miedo de seguir siendo maltratada o que sus hijos lo fueran. Me aferré de la mano de Adrien, mientras nos adentrábamos en la habitación en la que el hombre se encontraba. Él estaba recostado a unos almohadones, y en cuanto estuvimos dentro, nos dedicó una mirada cargada de fastidio. Se le veía bien, no se veía como que estuviese a punto de morir a como lo habían insinuado los médicos. Adriana se quedó al lado de la puerta al lado de los pequeños, mientras que Adrien se acercaba conmigo a la cama de su padre. —Veo que log

