Me sentía el hombre más dichoso de la galaxia. No había podido conciliar el sueño en toda la noche, los ojos chispeantes de Perla, más su sonrisa tierna prácticamente se habían quedado tatuadas en mi memoria. Me parecía estar en un sueño, un maravilloso sueño del cual no quería despertar; aún no éramos novios, pero íbamos a intentarlo, lo que también me ponía muy ansioso. ¿De qué forma debía de hablarle cuando la viera? ¿Era sano saludarla de beso? ¿O en la agencia debía de ser profesional? Tallé mi rostro con ambas manos mientras giraba en la silla de mi jefa, tantos pensamientos cruzaban mi mente que ni siquiera podía concentrarme en mi trabajo. Un ruidito me mostró que tenía un nuevo correo electrónico, me apresuré a ir a revisarlo, era de parte de mi jefa; el correo venía acompaña

