En carretera, Victoria se seguía sintiendo inquieta y no sabía porque es que pesaba sobre ella esa mala sensación de estar siendo perseguida, vio por el retrovisor del auto, los coches que venían por detrás de ella no tenían nada de sospechosos ni se alcanzaba a ver nadie conocido dentro de ellos, hace mucho que no manejaba y se había olvidado de lo molesto que era el tráfico siendo ella quien llevaba el auto, pero el aire acondicionado fuerte y unos cuantos bocaditos dulces hicieron que el trayecto fuera menos tenso, aunque mientras esperaba avanzar recibió una llamada de Dante y la puso en altavoz. – Hola, mi precioso amor. – dijo Victoria con voz cantarina. – Hola, mi preciosa dulzura ¿Como estas? – su tono fue más romántico. – Aburrida y con ganas de volver a casa, me he quedado atr

