El segundo castillo que Dante tenía era muy parecido al que estaba en Toscana, salvo que a este lo rodeaba un muro de piedra muy ancho y alto con rejas doradas que tenían las iniciales del dueño forjadas en hierro, un capricho ostentoso que Dante se dio cuando era más joven y del cual le gustaba presumir, pero ahora no era más que una simple casa de seguridad donde iba a poder resguardar a Victoria por un tiempo mientras todo ese tormento pasaba, Dante sentía que su casa era el lugar que junto a ella habían ido adecuando a sus gustos, su hogar oficialmente era donde la había pasado tan bien con Victoria en las últimas semanas. – ¿Quieres algo? – preguntó Dante una vez la llevó a la torre donde estaba su cuarto, el lugar más seguro para ella. – Dormir sola. – respondió mientras se quitaba

