Victoria en su disfrute y por su propia voluntad abrió su boca para recibirlo, un oral previo a la acción era algo que a cualquier hombre podría encantarle, pero Dante se dio cuenta de algo que le resultó curioso y es que Victoria dudaba mucho en tocarlo, la vio levantar las manos de sus mulos para ponerlas sobre sus rodillas mientras levantaba la mirada examinándolo, era excelente cuando se dejaba llevar y realmente no necesitaba ayudarse con las manos porque su boca era la gloria, sin embargo, no lo tocaba. – ¿Por qué dudas tanto al querer tocarme? – no se pudo contener esa intriga. – Es que no se si vas a enojarte por tocar alguna parte de tu cuerpo que te resulte incómoda. – respondió dejando su labor a un lado. – No tendría por qué enojarme si tú me tocas, eso es ridículo. – junto

