El momento en que Victoria se colocaba su vestido de novia era uno de esos instantes que parecían detener el tiempo porque aquello ya no era una prueba, era su momento oficial, en la habitación impregnada de emoción y anticipación, un susurro de tela de seda y tul llenaba el aire mientras Victoria se preparaba para deslizarse en su vestido, el símbolo perfecto de su amor y compromiso. Con manos temblorosas, pero llenas de emoción, Victoria tomó el vestido cuidadosamente siendo ayudada por su madre y hermana pues era mucha tela para poder dominarla por su cuenta, Atenas estaba admirando cada detalle con reverencia porque el vestido de su mejor amiga era simplemente impresionante. La tela era suave como la caricia de una pluma, con encajes intrincados que parecían bailar bajo la luz tenue d

