Cap 2

1403 Palabras
—Tienes razón, no debería retenerlo de ti—respondió con vacilación—. Pero sea lo que sea que haya en este libro, prométeme que no tomarás decisiones sin pensar en frío. —No sé a qué te refieres con eso, pero no puedo prometer algo que no sé si podré cumplir. Así que mejor evitemos las promesas—mi voz sonó más cortante de lo esperado. Me sentía cruel con la única persona que había estado a mi lado todo este tiempo. Aunque quizás solo por compasión, no era justo tratarla así. Sin embargo, algo dentro de mí parecía controlar mis palabras y acciones; por más que intentara detenerlo, no podía. Elena me miró con desconfianza mientras extendía su mano hacia mí con el libro. Lo observé con ansias y apenas se acercó a mí, lo tomé rápidamente. —Espero que esto sea algo bueno y no un mal augurio—dijo antes de irse y dejarme sola. *** Se encontraba en una esquina de mi escritorio, y no fui capaz de abrirlo después de que Elena se marchara. Había algo en él que me inspiraba temor, un mal augurio, como ella misma había dicho. Tal vez sintió lo mismo cuando mi madre se lo entregó, y por eso no quería dármelo. Normalmente, no creía en esas cosas: malas vibras, auras, fenómenos paranormales. Sin embargo, en lo más profundo de mí había una chispa de credulidad que ardía más fuerte de lo que me gustaría admitir. Deambulaba por mi habitación como una tonta, mordiendo mis uñas con ansiedad. No podía evitar mirar hacia el libro y apartar la vista al mismo tiempo. Estaba cansada de vivir así: con miedo, con ansiedad, con esa angustia que me oprimía el pecho sin razón aparente. Tenía un buen trabajo, disfrutaba lo que hacía y contaba con amigos —aunque sabía que no siempre era la mejor amiga para ellos—. Tenía una casa y a Elena... Todo eso debería ser suficiente, pero aún así me sentía vacía, buscando respuestas a preguntas que tal vez no tenían solución. ¿Qué es lo que realmente espero? ¿Qué es lo que estoy buscando? ¿Qué hay en ese libro que me causa tanto miedo? Sin poder esperar más, decidí acercarme al libro y me senté con brusquedad en la silla. Lo abrí y mis ojos se posaron en la primera página. «El diablo me abraza». Mi cuerpo se estremeció al leer aquellas palabras; me quedé sin aliento por un momento, pero continué con miedo: «Me toma entre sus brazos y me guía en una lenta danza. Él tiene fuego en sus ojos; es aterrador, pero aún así me aferro a él». «Mi Dios, él me ha lanzado a las garras del monstruo con un propósito, pero confío en él. Él camina junto a mí, el diablo y yo, caminando por un oscuro bosque El diablo me sostiene con firmeza y me lanza una mirada felina. Miro al cielo buscando una señal de mi Dios: Él, el Todopoderoso; Él, el Sabio; Él, el que todo puede. El diablo sonríe mostrando todos sus dientes; es una sonrisa macabra que me asusta, aunque trato de no demostrarlo. «Él te ha abandonado; te ha dejado conmigo. Es un trato; no lo culpes tampoco», me dice con su voz cargada de veneno. Pero no le creo; quiere que caiga en su juego. Se dio vuelta y siguió caminando. Yo lo seguí con temor. El aire se tornó denso, como si el bosque a nuestro alrededor estuviera vivo, observándonos con ojos invisibles. Cada crujido de las ramas bajo nuestros pies resonaba en mi interior, amplificando la inquietud que sentía. El diablo se detuvo de repente y se volvió hacia mí, su mirada penetrante como dagas de hielo. Comenzó a tararear una canción irreconocible para mí. "¿Ves?" dijo, su voz suave pero cargada de un poder oscuro. "Este es el lugar donde los secretos se revelan. Aquí no hay máscaras." Mis manos temblaban mientras intentaba encontrar mis palabras. "¿Qué quieres de mí?", logré articular, sintiendo que el miedo se transformaba en una mezcla de desafío y curiosidad. Él sonrió de nuevo, pero esta vez había algo más en su expresión; una chispa de diversión. “Ella debe venir aquí” Fue todo lo que dijo y no supe comprender» ¿Qué era todo esto que mi madre había escrito? ¿Un diario? ¿Una historia? No lo entendía, por qué tanto misterio con este libro. Seguí leyendo aquellas palabras que me empezaron a dar miedo. «El diablo extendió su mano, invitándome a acercarme. Me estaba preocupando, estaba sintiendo una atracción enferma y peligrosa. "¿Te atreverás a mirar más allá del miedo?", preguntó con un tono casi seductor." No supe cómo responder, pero quite mis miedos y solo di una afirmación con la cabeza. "Yo no soy el diablo, querida, yo soy más que él, no te vuelvas a confundir" soltó de repente y con autoridad, para continuar diciendo: "Soy Astaroth, el gran rey del infierno." Cerré el libro de un golpe, el sonido resonando en la habitación con un eco inquietante. ¿Qué había sido eso? Mi corazón latía con frenesí, y el sudor comenzaba a empapar mi frente. No podía creer que unas cuantas palabras sin sentido me afectaran de tal manera. Ese nombre... ¡Dios! Mi piel se erizó completamente solo al leerlo. Aún así, la confusión reinaba en mi mente. ¿Qué intentaba decirme mi madre con todo esto? ¿Acaso estaba en contacto con el diablo, que resultó ser más bien el rey del infierno? ¿No era lo mismo? Todo parecía un laberinto de incertidumbres. Necesito respuestas. La inquietud crecía en mí, como si cada palabra del libro escondiera secretos oscuros esperando ser desvelados. *** Sonata Claro De Luna sonaba suavemente por toda la habitación, tratando de disipar los pensamientos agotadores que dominaban mi mente. Había dejado el libro a un lado; era suficiente por hoy. Me había afectado tanto que el miedo se apoderó de mí al pensar en continuar. La noche era más oscura de lo habitual, y el viento helado entraba por la ventana, erizando mi piel. Después de haber leído, bajé y me disculpé con Elena por mi actitud. Ella me preguntó sobre el libro, pero preferí no hablar de eso. La verdad es que buscaba muchas respuestas, pero lo irónico era que no tenía las preguntas adecuadas para las respuestas que anhelaba. No quería perderme en esos pensamientos oscuros y consumir mi tiempo en ellos. En cambio, tomé un manuscrito que había en mi escritorio y comencé a leerlo. Mis dedos se movían ágilmente mientras tomaba notas sobre lo que debía editar. En ese momento, me di cuenta de que trabajar en la editorial no solo me permitiría escapar de mis inquietudes, sino también transformar historias ajenas en algo brillante. Quizás entre esas páginas encontraría un poco de paz. Al terminar la carrera, encontré empleo de inmediato. Trabajaba para Forest of Words Publishing, una editorial que, aunque no era muy conocida, tenía su encanto en esta pequeña ciudad. Amaba mi trabajo; pocos pueden decir eso. Era una de las pocas cosas que aliviaban mi mente, me distraían y me permitían sentirme normal, aunque solo fuera por pequeños momentos. Mientras continuaba revisando el manuscrito en busca de errores, una sombra inusual se deslizó por el rabillo de mi ojo, alertándome de inmediato. Levanté la vista y, en un instante, el aire se volvió denso y frío, como si la habitación hubiera sido invadida por una presencia desconocida. La luz parpadeó brevemente y, en ese preciso momento, un escalofrío recorrió mi espalda. Un susurro apenas audible llegó a mis oídos: "Ya es hora". Mis pensamientos se detuvieron en seco; la tranquilidad que me brindaba el trabajo se desvaneció, dejándome con una inquietante sensación de que algo más estaba acechando entre las sombras. ¿O solo era mi imaginación? Tal vez me estaba volviendo loca... De repente, un estruendo proveniente de atrás me hizo sobresaltarme. Giré rápidamente y ahí estaba… una figura vagamente definida, envuelta en una penumbra inquietante. No podía distinguir su rostro, pero sentía su mirada fija en mí, como si esperara a que yo dijera algo o hiciera un movimiento. Mi corazón latía con fuerza mientras la incertidumbre llenaba el aire. Mi única reacción fue gritar con todas mis fuerzas, pareciendo ser un chillido de dolor.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR