La oscuridad me cubre como un velo, y el aire es denso, casi palpable. Mis pasos resuenan en un pasillo largo y estrecho, las paredes parecen cerrarse a mi alrededor. Cada vez que intento avanzar, un escalofrío me recorre la espalda, como si algo me observara desde las sombras.
De repente, escucho un susurro. Es suave al principio, pero se convierte en un grito ensordecedor que reverbera en mis oídos. Me vuelvo, pero no hay nadie. La luz parpadea débilmente, proyectando sombras que parecen cobrar vida. Siento que el pánico se apodera de mí.
Intento correr, pero mis piernas están atrapadas en el suelo, como si la gravedad hubiera aumentado. Miro hacia atrás y veo una figura oscura acercándose lentamente, su rostro oculto en la penumbra. Mis latidos retumban en mi pecho; cada golpe es un recordatorio de la inminente amenaza.
Entonces, el suelo se quiebra bajo mis pies y caigo en un abismo sin fin. Grito, pero no hay sonido; mi voz se ahoga en la nada. La caída parece eterna, y cada segundo se siente como una eternidad. Finalmente, aterrizo en un lugar frío y húmedo; me doy cuenta de que estoy rodeada de espejos rotos que reflejan mi rostro distorsionado.
La figura oscura aparece nuevamente entre los fragmentos de cristal, acercándose con una sonrisa macabra. Sigue avanzando, y en un instante, los espejos comienzan a brillar con una luz tenue. De la nada, una de las superficies reflectantes muestra la fecha y el momento exacto de la muerte de mi madre: 6 de junio, a las 3:15 a.m. Mi corazón se detiene por un instante, y un frío helado recorre mi cuerpo al reconocer ese momento.
El reflejo se transforma y puedo ver a mi madre, su rostro sereno pero lleno de tristeza. Sus labios se mueven, formando palabras que no puedo oír, pero en mi mente resuena su voz.
"Hay algo que debes saber...". Su mirada es intensa, como si quisiera transmitirme todo solo con verme.
Sin embargo, en ese mismo momento, siento una presión creciente en mi pecho. La angustia me empuja hacia atrás, y me alejo de su imagen, incapaz de soportar el dolor que me provoca. Pero las sombras alrededor comienzan a moverse; son como tentáculos invisibles que me arrastran hacia el espejo donde está ella.
Intento luchar, gritando su nombre, pero las palabras se desvanecen en el aire helado. Sin quererlo, me veo obligada a acercarme nuevamente al reflejo. A medida que lo hago, la figura oscura se vuelve más nítida, y mis miedos empiezan a entrelazarse con la imagen de mi madre.
Las luces parpadean más intensamente ahora y la voz de mi madre se vuelve más clara.
"No puedes escapar de la verdad". Las sombras se arremolinan a mi alrededor como un torbellino implacable.
El espejo estalla en mil pedazos, y el sonido es ensordecedor. En medio del caos, siento que algo me empuja hacia adelante; como si una fuerza desconocida me estuviera guiando hacia la respuesta que tanto temo.
"Debes volver a casa, él te espera". Es lo último que escucho decir de mi madre antes de caer al mismo abismo anterior y despertar sobresaltada.
Empapada de sudor y con mi respiración descontrolada observo la hora y solo faltan pocos minutos para que suene el despertador.
Una noche más de pesadillas, las mismas de siempre, atormentandome y confundiéndome.
Decido incorporarme de la cama y hacer la rutina diaria. Al bajar a desayunar encuentro a Elena hablando por teléfono, la miro detalladamente, buscando un astibo de que es consiente que fecha estamos tocando.
Voltea hacia mí y me regala una sonrisa cálida.
—¿Cómo dormiste?—su sonrisa parece suficiente para iluminar el día.
—Tuve pesadillas como siempre, pero digamos que bien—su sonrisa se borra al instante.
—¿Sabes que fecha es, no?—ahí está, la pregunta que esperaba hacer yo.
—Lo sé, todo se vuelve más triste—respondo siendo conciente que cada junio se vuelve apagado para mí.
***
La luz del estudio de la editorial es tenue, con una suave iluminación que se filtra a través de las persianas. Estoy sentada frente a mi computadora, revisando las últimas páginas del manuscrito que tengo entre manos. El título, "Ecos de la Oscuridad", ya me ha dejado inquieta, pero lo que viene a continuación me hará cuestionar todo.
Me parece gracioso y estúpido que todo lo que me rodea siempre tenga que relucir la oscuridad, parece ser el personaje principal de toda mi vida, hasta de mi trabajo.
De repente, la puerta se abre con un chirrido casi espectral, haciéndome ver hacia esa dirección, un hombre entra. Su presencia es imponente; viste un traje n***o perfectamente ajustado y tiene una sonrisa que me hace sentir incómoda. Sus ojos son oscuros y profundos, como si guardaran secretos que nadie debería conocer. Me doy cuenta de inmediato: es el autor del libro que estoy editando.
—Hola, soy Lucien—, dice con una voz suave pero penetrante—.He venido a hablar sobre mi obra.
El aire se siente denso, como si el tiempo mismo se hubiera detenido. Intento mantener la compostura mientras lo invito a sentarse.
—He estado revisando tu manuscrito—, digo, tratando de sonar profesional a pesar del escalofrío que corre por mi espalda.
—Ah, sí, es obvio, por algo eres la editora, ¿no? debes revisarlo—responde él con una pisca de burla, pero decido ignorar aquello. Se inclina hacia adelante con interés—¿Te ha intrigado? Es un viaje oscuro, lleno de verdades incómodas.
Mientras habla, no puedo evitar sentir que cada palabra lleva consigo un peso adicional.
—Hay pasajes en los que exploro la naturaleza humana en su forma más cruda. La traición, la desesperación... incluso el sacrificio.
Le miro, sintiendo cómo cada uno de sus comentarios provoca una inquietud creciente en mí.
—Algunas partes son bastante... perturbadoras—, le digo cautelosamente—¿Por qué decidiste incluir esos elementos tan oscuros?
Su sonrisa se amplía, y hay algo inquietante en su mirada.
—Porque son reales— responde con calma—La gente teme enfrentar sus propios demonios, pero yo los traigo a la luz. En mis páginas hay confesiones que muchos preferirían mantener enterradas.
Siento un nudo en el estómago al imaginar las historias que narra: traiciones familiares, pactos desesperados... ¿Qué tipo de mente crea tales horrores? No puedo evitar preguntarle:
—¿Qué te inspira a escribir sobre estas cosas tan turbias?
—Ah—, dice Lucien, inclinándose aún más hacia mí—La vida misma es la mayor fuente de inspiración. La oscuridad siempre está presente; solo tienes que saber dónde mirar— Su voz se vuelve más profunda y casi seductora mientras habla:
—Hay poder en el sufrimiento; hay belleza en el caos.
«La oscuridad siempre está presente»
Inconscientemente me dió la respuesta a una de mis inquietudes.
Me encuentro atrapada entre mi curiosidad y un instinto visceral que me grita que debo alejarme.
—Pero… ¿no temes lo que eso puede provocar en los lectores?—le pregunto.
Él se ríe suavemente, pero hay un eco siniestro en su risa.
—No todos están listos para enfrentar sus propios miedos, querida. Pero aquellos que lo hagan… encontrarán una liberación.
Yo quiere una liberación, pero no creo que sea algo como él dice.
La conversación continúa así, tensa y cargada de significado oculto; siento como si estuviera hablando con alguien más que un simple autor... como si realmente estuviera ante una figura mucho más oscura y poderosa de lo que imaginaba.
Finalmente, cuando termina la charla y él se levanta para irse, me deja con una sensación inquietante en el aire y un manuscrito lleno de secretos perturbadores en mis manos. ¿Qué haré ahora con todo esto?
Antes de cerrar la puerta me ve con mucha más intensidad para luego decir:
—Debes recordar un solo nombre, y entenderás muchas cosas.
—¿Qué?
Y se fue sin más.