Cap 5

1331 Palabras
La cafetería se alzaba en una esquina de la calle, un lugar donde lo moderno y lo antiguo se entrelazaban de manera mágica. Las paredes estaban adornadas con ladrillos expuestos, que contrastaban con las lámparas de diseño contemporáneo que colgaban del techo. Mesas de madera pulida se combinaban con sillas de metal forjado, creando un ambiente acogedor y vibrante. Aromas de café recién hecho y dulces horneados danzaban en el aire, mientras suaves melodías de blues llenaban el espacio, envolviendo a los clientes en una atmósfera casi etérea. Al entrar, mis ojos buscaron a mi amiga entre las mesas. Ella siempre tenía una forma especial de iluminar cualquier lugar, como si llevara consigo un poco de magia. La vi al fondo, sentada junto a la ventana, con los rayos del sol acariciando su rostro. Su cabello castaño caía en suaves ondas sobre sus hombros, mientras que sus ojos almendrados brillaban con una chispa traviesa. Tenía esa capacidad única de hacer que cada encuentro se sintiera como una aventura. En esos momentos, rodeada por el murmullo amistoso y el aroma del café, me sentía en paz. Charlando con mis amigos, podía olvidar todos esos pequeños fragmentos de preocupación que solían atormentarme. La risa fluía fácil y las historias compartidas tejían un manto cálido alrededor de nosotras. Me acerqué a ella, sintiendo la calidez del ambiente rodeándonos. —¡Hola!— exclamé, sonriendo al ver su expresión alegre al reconocerme. La cafetería parecía cobrar vida a nuestro alrededor, como si compartiera nuestra emoción por este reencuentro. —¡Tanto tiempo, Lia!—dijo, utilizando el apodo cariñoso que me había dado. Habían pasado casi 6 meses desde la última vez que nos vimos, atrapadas en la vorágine de nuestros trabajos: ella como pintora y yo como editora. —Ya te creo que sí—respondí con una sonrisa. —Cuéntame, ¿cómo has estado? ¿Qué tal va la editorial? ¿Muchos libros? ¿Algún autor interesante?—comenzó a bombardearme con preguntas, lo que me arrancó una pequeña carcajada. —Vale, vale, un momento. Te prometo que responderé todas tus preguntas—la miré fijamente para calmar su entusiasmo—, pero primero hablemos de lo que llevas ahí—señalé su barriga con una sonrisa traviesa. —¿De qué hablas?—me miró como si tuviera dos cabezas. —Beth... ¿en serio?—le dije, levantando una ceja y tratando de contener mi sorpresa. —¡Ay, sí, sí!—exclamó entre risas, su rostro iluminándose con la revelación. —Sé que estoy embarazada. Su risa contagiosa llenó el aire a nuestro alrededor y no pude evitar sentirme emocionada por ella. Era un momento lleno de alegría. —¿Cuántos meses tienes?—pregunté, incapaz de contener mi curiosidad. —Ya voy por cinco—respondió mientras acariciaba suavemente su barriga. —Al principio estaba un poco asustada, pero ahora estoy emocionada. Cada día es una nueva aventura. Me encantó cómo transformaba sus sentimientos en arte. —¿Y cómo está inspirando esto tu pintura? —He estado trabajando en una serie sobre la maternidad y la conexión con la vida—dijo con los ojos brillantes de pasión. —Cada trazo me ayuda a procesar todo lo que estoy sintiendo. Es como si cada pincelada celebrara este nuevo capítulo. Era impresionante cómo lograba convertir sus emociones en algo tangible y hermoso. —Eso suena maravilloso, Beth. Me encantaría ver esas obras cuando estén listas. La conversación fluyó entre risas y anécdotas mientras disfrutábamos del café. Cada palabra parecía acercarnos más a pesar del tiempo perdido. Cuando nos dimos cuenta, la cafetería estaba casi vacía y el sol comenzaba a ponerse, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y rosados. Miré a Beth y sonreí; este reencuentro era justo lo que ambas necesitábamos después de esos meses tan ocupados. —¿Te gustaría hacer esto más seguido?—le propuse con entusiasmo. —Definitivamente—respondió con una sonrisa radiante. —No importa cuán ocupadas estemos; siempre debemos encontrar tiempo para nosotras. Mientras nos despedíamos en la puerta de la cafetería, una sensación extraña comenzó a apoderarse de mí. Al dar la vuelta para irme, escuché un murmullo bajo que parecía surgir de la nada. Me detuve un momento, pero intenté ignorarlo, pensando que era solo el bullicio del lugar. Durante el camino a casa, los susurros se intensificaron. Eran voces suaves y casi melódicas, pero las palabras eran ininteligibles. “El bebé... el sacrificio...” repetían, como un eco distante que me seguía. A medida que avanzaba por las calles, me sentía cada vez más inquieta. —No puede ser—me dije a mí misma—. Debo estar cansada o estresada por el trabajo. Sin embargo, los murmullos no cesaban. Intenté concentrarme en mis pensamientos, pero cada vez que lo hacía, esas palabras volvían a surgir, como si estuvieran intentando advertirme de algo oscuro y desconocido. Cuando llegué a casa, mi cabeza me daba vueltas y una punzada de dolor se alojó en mis sienes. Me dejé caer en el sofá, tratando de calmarme y alejar esos pensamientos inquietantes. Pero incluso allí, en la tranquilidad de mi hogar, las voces persistían. “¿Qué quieren decir con eso? ¿Por qué hablarían del bebé?” Pensé en Beth y su alegría al contarme sobre su embarazo. Era un momento tan hermoso... ¿Por qué tenía que ser ensombrecido por estas ideas extrañas? Me levanté y empecé a caminar por la sala, intentando disipar la tensión. Cada paso parecía resonar con los ecos de esas voces. No podía dejar de pensar en lo que había escuchado. De repente, decidí que debía hacer algo para distraerme. Busqué el libro de mi madre, ese que no había leído desde lo que pasó la otra vez. Tal vez era la peor manera para distraerme, tal vez solo empeoraría las cosas, pero está vez no podía evitar querer leer el libro de mi madre. Pero justo cuando comenzaba a deslizar mis dedos para abrír el libro , los susurros se volvieron más claros. “Es el momento… el sacrificio debe cumplirse…” Sentí una presión creciente en mi pecho. ¡Era como si algo oscuro estuviera intentando apoderarse de mí! Cerré los ojos con fuerza y respiré hondo; necesitaba calmarme. De repente, un golpe sordo resonó en la ventana. Abrí los ojos asustada y vi una sombra pasar rápidamente frente a ella. Mi corazón latía desbocado mientras me acercaba cautelosamente para mirar afuera. Estaba cansada de esto. Me estaba pareciendo estúpida toda esta escena, ¿en serio siempre tenía que salir una sombra de la nada? ¿no hay algo mejor? Tal vez puedo parecer loca por lo que pienso, pero de verdad que es ridículo. Al mirar afuera no había nada; solo la oscuridad de la noche envolviendo todo a su alrededor. Pero los susurros continuaron resonando en mi mente: “El bebé… es el elegido…” Por todos los cielos, ¿cuál bebé? ¿en serio estaba tan mal de la cabeza? Con cada repetición sentí cómo una ola de miedo se apoderaba de mí. No entendía lo que estaba pasando ni por qué esas voces me atormentaban así. Lo único que sabía era que necesitaba encontrar respuestas antes de que esta locura me consumiera por completo. Desesperada por salir de esa atmósfera opresiva, decidí llamar a Elena, había salido de viaje, pero tal vez ella podría ayudarme a entender lo que estaba sucediendo o simplemente escucharme y darme un poco de consuelo. Pero justo cuando estaba a punto de marcar su número, un nuevo murmullo cruzó mi mente: “No puedes decírselo” Sentí una fría oleada recorrer mi espalda. La confusión y el miedo comenzaron a mezclarse en un torbellino emocional del cual no sabía cómo escapar. Mientras las sombras danzaban alrededor mío y las voces seguían insistiendo en su oscuro mensaje, comprendí que esta noche iba a ser mucho más larga de lo que había anticipado… Joder.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR