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1062 Palabras
Maggie quería demostrar que ese hombre no había despertado nada en ella, y que todo lo sucedido la noche anterior sólo quede entre ellos. No podía hacer mas que disimular que no se conocían, olvidarse de la noche que pasaron y seguir cada uno su propia vida.  Sabía que cuando su padre se entere de salida no estaría muy contento, prefería mantenerlo así en secreto y que todo sea tranquilo. Sus padres eran algo estricto con el tema de las noches de salidas, el alcohol y los amigos. Además de ocultarle cosas a sus padres, también fingía estar interesada en su futuro marido y así soportaba cualquier tipo de presión de ellos. Fingía todo hasta su sonrisa, no mostraba debilidad ante nadie ni mucho menos tristeza, así era su vida y debía seguir de esa manera. Todo iba dentro suyo torturándose de a poco, canalizando cualquier incomodidad para poner buena cara y no tener que dar explicaciones. Aceptaba las reglas de sus padres aunque sienta que no es así, las aceptaba igual y sólo pretendía que ellos se sientan orgullosos. Maggie no buscaba compresión ni lástima, sólo quería el amor de alguien verdadero y de sus padres. Tan sólo que parecía ser imposible en su vida. Desde entonces entendió que para que las personas se fijen en ella era necesario poner dureza en todo, y en la vida misma. Ya nada era igual, toda su vida era manejada sin que pudiera decidir a quién amar y sin dejarse amar. Así era la fría Maggie, que con una buena cara pretendía fingir toda su miserable vida.  Caminan hacia la cocina pero sin poder resistirse, en la puerta lo enfrenta —¿Qué le has dicho a mi padre? —pregunta nerviosa. Levanta la mano y sonríe —Tranquila, nada —asegura. — No te creo. ¿Cómo supiste donde vivía? — le pregunta apurada. —No.. —lo interrumpe. Lo señala con el dedo — Sí abres tu boca frente a mi familia, juro que haré tu vida muy miserable. No me provoques —lo intenta amenazar. Se quedan mirándose el uno al otro sin hablarse. Mirándose intensamente sin dejar de hacerlo. La mirada desafiante parecía que a ella la intimidaba, pero nada más. Pestañea —Bueno, ¿terminaste el interrogatorio? — le pregunta moviéndose los brazos frente a su pecho. Gruñe y se voltea para tomar un vaso de agua —No me busques —le dice cortante. Una carcajada hace que ella se gire en dirección de él y lo quede mirando curiosa — ¿Qué te parece tan gracioso? — le pregunta enojada. Pone un dedo en su boca y después la señala avanzando hacia ella — ¿Cree que me tomaría el trabajo de buscarte?, hay millones de mujeres hermosas allá afuera — señala por la salida y se acerca más a ella —¿Qué te hace tan especial creer que estoy acá por ti? — le pregunta susurrando sobre sus labios. Ella se queda paralizada observando los labios de él tan cerca de los suyos, los nervios le secaron hasta la garganta y poco a poco volvió a respirar. Al sentirlo tan cerca parecía que su corazón latía más fuerte de lo normal. Pero al escuchar su arrogancia fue donde todo comenzó a enojarse —Vete a la mierda — lo empuja. Retrocede unos pasos pero vuelve acercarse  —Señorita, señorita.. — repite riéndose — ese vocabulario no la favorece — le dice agarrando el vaso de agua que ella misma se había servido. Aprieta los dientes enojada por la manera de ser de aquel sujeto, la sacaba de lugar con tan solo verlo y eso no lo toleraba — Me quiero ir — le dice queriendo avanzar pero se chocaba con el pecho de él —¡Me quiero ir! —repite enojada. Estaban cada vez más cerca. Ayrton estaba disfrutando ese momento pero ella se notaba muy enojada. — Saca esa cara de amargada y sonríe —le dice tocándole la mejilla. Hace un lado la cara para que él no la siga tocando y cierra sus ojos — Déjame, me quiero ir — pide cortante. Ayrton sonríe —Pórtate bien —le susurra y toma distancia. Maggie no pierde esa oportunidad y sale corriendo de la cocina. Ese hombre era algo intimidante, atractivo y provocador, todo junto. Pero también le atraía de una forma inevitable que aun no podía resolver eso, necesitaba distancia y no verlo nunca mas.  Sin decir nada se mete a su habitación, se arroja en su cama y mira hacia el techo. Recordando el episodio vivo con aquel sujeto, quiso seducirlo pero todo se termino desbordando y ella termino encerrada en su habitación avergonzada. Removiendo todo, esa sonrisa, aquel hombre tan varonil, y con los gestos de atracción que no podía alejarlo sino que lo miraba como una loca acosadora. El maldito destino. Los recuerdos lo traían a ella, y eso fue como un golpe a sus pensamientos.  El horror en su mirada lo incrustó rápidamente sin que pudiera hacer algo. Aquella mujer era más bella de lo que imaginaba, para esa reunión había logrado sacarse el anillo de matrimonio y pretender ser soltero por un rato. Esa mujer había sacado su lado más perverso, ocupando sus pensamientos y apoderado de sus deseos. Tenerla cerca le activo todas las ganas de tenerla abajo suyo, acariciarla y sacarle la tristeza que transmitía esa mirada. Ayrton regresa a la reunión que tenía con los nuevos sujetos que habían firmado con él. Se acomoda la ropa, y sonríe. —¿Todo bien? ¿Mi hija le hizo o dijo algo? —le pregunta nervioso. Niega con la cabeza —Fue agradable conocerla, es una buena muchacha — dice serio. —Mi futura mujer —acota otro hombre del mismo círculo de reunión. Ayrton se voltea para mirar de dónde provino esa voz —¿Disculpa? — le pregunta sin lograr entender a lo que se refería. —Me casaré con Maggie, su hija — asegura señalando al padre. —Pues, te felicito — le hace un gesto con la cabeza. 'Se casará, eres un idiota en poner los ojos en una mujer prohibida ', piensa mientras se queda mirando como lo felicitan.Sabía que se vendría una temporada larga donde debía soportar cualquier tentación y seguir. Ella ya tenia dueño y él aún debía revivir la pasión con su mujer. Debía dejar las fantasías que solo sean eso: fantasías. No podía seguir imaginando nada más. Pero aunque quiera y se obligue no puede quitársela de la cabeza. Con una simple mirada Maggie había logrado atravesarle la piel y también instalarse en su cabeza. La respuesta está en cómo se expresan los deseos, aunque sean simples fantasías la tentación no se puede resistir. 'Lo prohibido puede volverse un deseo irresistible.. '
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