Habían transcurrido varios días desde que habíamos llegado, y seguía sin comprender el porqué Amaia y mi hermana eran amigas. No era que no me agradara Amaia, pero algo en ella no encajaba. Había algo en su forma de ser, en su actitud, que no lograba descifrar. —Guau, Dafne… nunca imaginé que tu familia tuviera tanto —al menos eso fue lo que entendí cuando leí sus labios. Sonreí con cierta incomodidad. No creía que mi hermana fuera del tipo de persona que le gustara presumir de su riqueza, y no me gustaba que alguien pudiera pensar que era solo eso lo que definía nuestra familia. No es que sea del tipo que se la pasa escuchando a través de las paredes, pero mientras iba por el pasillo, algo llamó mi atención. —Todos en tu familia son un encanto, por supuesto, excepto tu hermano Dylan —

