Dafne El silencio se volvió insoportable. Nathan se había marchado unos minutos antes, pero ahora estaba de vuelta, de pie frente a mí, con una expresión tensa. Algo en su postura, en la manera en que sus ojos brillaban con inquietud, me decía que estaba asustado. No de mí, sino de algo más. De perder el control. De perderme a mí. Charlotte. Mi mente no dejaba de repetir ese nombre. Nuestra hija. ¿Cómo podía ser posible? ¿Acaso era capaz de raptar a una bebé? —Eso no… eso no tiene sentido —murmuré, tratando de que esa idea absurda saliera de su cabeza. —Lo tiene —insistió, dando un paso hacia mí—. Charlotte es mi hija, Dafne —dijo Nathan con una calma aterradora—. La tuve con alguien más… pero eso no cambia nada. Di un paso atrás, negando con la cabeza. Mi cuerpo entero temblaba. No

