Samantha Deslicé mi dedo por la pantalla, leyendo por décima vez el último mensaje de Alex. Una sonrisa tonta se formó en mis labios mientras mi corazón latía un poco más rápido de lo habitual. Era increíble cómo alguien que nunca había visto en persona podía hacerme sentir así. Al principio eran mensajes dulces, coqueteos inocentes, pero con el tiempo, la confianza creció y nuestras charlas se volvieron más intensas. "Eres increíble, Sam. Me gustaría verte sonreír en persona algún día." Suspiré. ¿Cómo no enamorarme de alguien así? Llevábamos meses hablando, cada día conociéndonos un poco más. Él era atento, dulce, siempre sabía qué decir. Su voz aunque la había escuchado muy pocas veces tenía un tono grave y seguro que me hacía mojar mi ropa interior. Sentía que me entendía como nadie

