Dalia El sonido agudo de las máquinas cambió de un momento a otro. Pasó de ser un pitido monótono y regular a un eco constante e insistente, como una alarma de advertencia, sacudiendo todo a su alrededor. Mi cuerpo se tensó instantáneamente. —¡¿Qué está sucediendo?! —preguntó Lía, con su voz visiblemente quebrada por la desesperación. Las alarmas médicas continuaban sonando y, antes de que pudiera procesarlo, la puerta de la habitación se abrió de golpe. Una enfermera entró apresurada, seguida de un médico que inmediatamente revisó los monitores y los signos vitales de Dafne. —Su ritmo cardíaco está aumentando, doctor —anunció la enfermera con urgencia. —Eso es bueno, ¿verdad? —preguntó Dylan, tratando de aferrarse a cualquier esperanza. El doctor no respondió de inmediato; luego se

