—Perdón por despertarte —me disculpé con Pablo mientras él me llevaba a casa. La noche había sido tranquila, pero me sentía incómoda por haberlo molestado tan tarde. —Es mi trabajo, señorita —dijo, con un tono tranquilo y profesional. —Dime Ana, ya te lo dije —le recordé con una sonrisa, intentando relajar el ambiente. —Te ves muy linda esta noche —comentó, sonrojado mientras me miraba de reojo. —Gracias. Nunca debí venir. No sé por qué no puedo decir que no —respondí, mirando por la ventana con un suspiro. Él rió. —Porque eres demasiado buena, no le ves el lado malo a las personas. Crees que todos tienen tu bondad y buenas intenciones. —¿Y eso es malo? —pregunté, confundida. —En este mundo sí —respondió, con una expresión que mezclaba seriedad y desilusión. *** Hoy es domingo y m

