Antes de irme de esa maldita isla necesitaba desahogarme gritar y para eso me dirigí al acantilado. Grite lo más fuerte que pude, me se sentía tan estúpida tan usada. Fui el juguete de todos, de mamá, de Zulema y de ese tipo quizás hasta papá estaba en mi contra. Que clase de familia tenía, todos estaban podridos por dentro, yo nunca vendería a mi hija. Sabía que Vanesa no me quería ni nunca me había querido, pero esto era demasiado. ¿Por que ella tenía que ser mi mamá? Toda la vida había intentado ganarme su amor, pero fracase. Fracase inútilmente en todo tanto en mi carrera, en mi relación con Max como en todo. Odiaba mi vida, odiaba ser Ana, era tan ingenua, tan tonta. Había vivido en un mundo rosa pensando que todos eran tan buenas como yo. Pero el mundo no era así y no era culpa

