El sueño de muchas mujeres es al menos ver de cerca a Gong Yoo, pero yo lo tenia a él como mi marido. Ya saben, mi marido y aunque no había disfrutado de ese manjar, ya de por si saber que dormía cerca de mi, lo vería casi a diario, podría incluso conquistar su corazoncito, me tenía flotando a tres metros sobre el aire.
Desperté un momento después que cabecié y pero el hecho de que él metiera su hombro para recostarme la cabeza, fue un clímax para mí.
Así me quedé saboreando su olor, su fragancia era tan exquisita que me embriagaba todo mi ser, él era como una droga ya para mí, mientras más consiguiera de él, más querría yo de esta persona, ¿que hacer entonces? ¿Darme la retirada? Casi nunca me he dado por vencida cuando quiero algo, o sea tampoco es de entrarle por los ojos al pobre, no hago referencia a ello, si no a que no quiero rendirme, por que por algo él y yo hemos coíncidido.
¡No quiero rendirme! ¡No voy a rendirme! Quiero ver que pasa. Y así fue que el pobre hombro del hombrón llegó ligado, por que sin darme cuenta me di una pequeña siesta.
Cuando desperté tiempo después, me encontré dormida sobre su pecho, lo más casual fue qué él también dormía, no sé si mi peso lo ligó, solo sé que me sentí en las nubes.
Despacito quise levantarme, pero él en sueños gruñó, y de pronto me haló sobre él y me abrazó como oso. O por dios, yo estaba siempre encima de él, sentía sus latidos tictoc, tictoc, era un ritmo tranquilizador. Podría jurar que podía quedarme allí disfrutando de esa melodía tan común, a la vez tan fascinante para mí.
Escuché pequeños ronquidos de él, su olor impregnarse en todas mis fosas nasales, me daba un aire de desearlo, era la primera vez que sentí palpitar mi centro, desear que un hombre me tomara e hiciera y deshiciera conmigo a su antojo. Me sentí caliente el rostro, toqué mis mejillas, estaban calientes de la sangre que mi corazón bombeaba.
¡Cálmate!, me auto calmé a mi misma, cálmate, parecerás una gran perra embramada, y pues aquí estaba mis deseos como caballo desbocado, si tan solo él quisiera poseerme yo me dejaría con los brazos al aire.
Cuando quise moverme lo desperté, el se sacudió los ojos, se estiró un poco y dijo:
—¡Lo siento, lo siento por no darte un mejor momento y tengas que seguir mi rutina!
—¡Oh, no hay problema! Yo quería estar aquí contigo. —Dije nerviosa.
—¡Oh! —Dijo él.
—No quiero parecer una persona quejosa, pero otro esposo seguro te hubiera dado una mejor experiencia.
—¡Tranquilo, otros no serían tú! —Dije. El me miró y sonrió. Luego de un momento dijo :
—¿ así eres?
—¿Así cómo? —Pregunté de vuelta tirando la papa caliente a sus manos.
—¡Franca, extrovertida...muy espontáneo.
—¡Suelo decir lo que siento, lo que me molesta, suelo ser demasiado franca! Pero a veces no es bueno. —Dije mirándolo.
—¿Por qué? —me pregunta de nuevo. Yo lo miro a sus ojos directamente y muerdo mi labio inferior, no me daba cuenta que lo estaba haciendo, pero si lo hice.
—¡Por que a veces con tu franqueza dejas mal a algunas personas! Ya sabes, herir los sentimientos por decir la verdad.
—Aunque mi abuelita siempre me decía que es mejor decir la verdad y herir por un rato, que decir dulces mentiras y engañar en una muerte larga y lenta.
—Jajaja —él se ríe y su sonrisa es tan encantadora, me siento enamorada en un solo día, por dios santo.
—¡Tu abuelita es muy sabia! ... Igual tú.
Por dios, este hombre me está comiendo el cerebro. Alguien que me salve de la correntada a la que me está arrastrando, asi gritaba mi mente mientras yo lo miraba con esos ojos casi a punto de babear sobre él.
—¡Tienes a tu esposa embelesada por ti! Dice su asistente en un coreano muy fluido.
Creen que por que soy extranjera no le entiendo ni media palabra, lo que no sabe es que ya le voy haciendo swing al asunto.
Imagínate, en el campo uno aprende a huevo como se dice popularmente. Y pues yo he estado en el terreno ya por casi cinco semanas.
Dile a tu subordinado que sí, que si qué chica no quedaría bajo tu hechizo, a los que Gong Yoo se sorprende y dice:
—¿entiendes coreano? —Me le pongo como maquillaje de payaso, con una gran sonrisota de esas que no se borran enseguida.
—¡Voy sobre ruedas! —Respondo rápidamente, a lo que él se sorprende y me dice de manera admirada.
—Eres fenomenal —Yo me pongo algo descarada y le digo.
—Y eso que no has descubierto nada todavía.