Mirka pensó que los problemas se habían solucionado, sin embargo, desde aquel día las cosas no marcharon bien. Junier cada día se volvía un poco más violento, más inseguro y todo lo convertía en una pelea. Pese a no tener noticias de Lucifer, más que el saber que era un seguidor más de Miguel, o Jesús como se le conocía en Israel, el Príncipe de los Ángeles temía que Mirka se fuera con él, que se encontraran a solas, que lo engañaran. -¡El Mesías! Viene el Mesías -gritó un hombre fuera de su casa. -¿Qué dices? -le preguntó Junier. -Viene el Mesías, viene el Mesías, salgan a recibirlo. Viene a enfrentar a los romanos. Nos viene a liberar. ¡Sí! Tenemos un mesías. El hombre siguió con su pregón y poco después pudieron escuchar a una gran muchedumbre que venía cantando loores al Mesías

