Ezra estaba maravillado con la famosa utopía de los Huargos. Había oído hablar de ella por su madre y sus tíos, quienes también se habían maravillado con aquellos hermosos paisajes cuando los vieron por primera vez, y definitivamente anda se comparaba a verlo con sus propios ojos. El pequeño pensó que los relatos de sus tíos y su madre no alcanzaban a hacerle justicia a lo maravillosa que era Winter Rose. Un cielo de tonos rojizos y naranjas del amanecer y la nieve cubriendo y vistiendo de blanco a las rosas que daban su característico nombre a la ciudad de los Huargos. No dudó en correr y rodar sobre la nieve, en olfatear las rosas y sentir la frescura del sol naciente posarse sobre su rostro. El brillo del sol hizo que tuviera que taparse los ojos con su mano y una sonrisa de emoción s
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