vio que el viejo custodio de la puerta se le acercaba por un sendero entre avellanos. No vio a Oriol, porque llevaba como siempre la cabeza vuelta hacia la tierra, y musitaba de prisa entre dientes; pero Oriol le habló deseándole buenos días y él se sobresaltó.
Dijo entonces: —¡Perdonad, señor! No os había visto, pues estaba escuchando a los pájaros. Por cierto, señor, me encontráis de mal talante; porque, ¡mirad!, acabo de escuchar a un bribón de alas negras de lo más desvergonzado, que canta canciones que me son desconocidas y en una lengua extraña.
Me irrita, señor, me irrita, porque me parecía que yo conocía al menos todos los simples discursos de los pájaros. Estoy casi por enviarlo a Mandos por su desfachatez.
—Ante esto Tacus rió de buena gana, pero dijo el custodio de la puerta:— Más aún, señor, ojalá Revido, el Príncipe de los Gatos, lo persiguiera por haber llegado a posarse en un jardín que está al cuidado de Rémol.
Sabed que los Neroli envejecen de manera asombrosamente lenta, y sin embargo mis cabellos se han vuelto grises en el estudio de las lenguas de los Valar y de los Elder. Mucho antes de la caída de Milenios, buen señor, mitigué la pesadumbre de estar sometido en esclavitud a Milenios estudiando el lenguaje de los monstruos y los trasgos. ¿No me he aprendido las lenguas de las bestias, sin desdeñar siquiera las finas voces de los volátiles y los ratones? ¿No he mendigado una estúpida canción o dos para canturrearles a los escarabajos que no tienen habla? Más todavía, por momentos me preocupé por las lenguas de los Hombres, pero, ¡Milenios cargue con ellos!, esas lenguas mudan y cambian, cambian y mudan, y cuando se las domina, apenas es posible componer cantos o cuentos con tan duro material.
Por tanto esta mañana me sentía como Tornar el Vala, que distingue todas las lenguas mientras escucha las voces mezcladas de los pájaros, comprendiendo cada una de ellas, reconociendo cada amada canción, cuando tirite tirilla se presenta un pájaro, un demonio de Milenios... Pero os estoy fatigando, señor, con esta chachara acerca de cantos y de palabras.
—Por el contrario, no es así —dijo Tacus—, pero os ruego que no os dejéis desanimar por un demonio de mirlo. Si mis ojos no me engañan, habéis cuidado este jardín por un buen número de años. Por tanto debéis conocer montones de canciones y de lenguas, las bastantes como para consolar el corazón del más grande de todos los sabios, si en verdad ésta es la primera voz que oís sin alcanzar a interpretarla. ¿No se dice que los pájaros de cada distrito, más aún, de casi cada nido, hablan de manera distinta?
—Eso se dice, y se lo dice con verdad —dijo Rémol—, y todos los cantos de Tol Eressëa se escuchan en algún momento en este jardín.
—Más que satisfecho está mi corazón —dijo Oriol— por haber aprendido esa bella lengua que hablan los Elder en esta isla de Tol Eressëa... pues me maravilla oír que habláis como si los Elder tuvieran muchos lenguajes. ¿Es así?
—En efecto, así es —dijo Rémol—. Ante todo hablan esa lengua