La mirada de Dank se traba con la mía, sus ojos en la oscuridad son negros pozos sin fin. Ninguno de los dos se mueve, nuestras respiraciones de juntan y se vuelven una; hasta que parece que respiráramos en conjunto y nuestros corazones laten al unísono. El rompe el silencio —¿Verdadero o Falso? Tú me deseas —dice tranquilamente, casi susurrando. Temiendo que el momento se termine. —Verdadero, pero pienso que está mal. Dank avanza un paso más, haciendo que nuestros pechos se toquen. —Y por qué está mal? —Porque eres el padre de mejor amiga —digo mirando intensamente a sus ojos. —Respuesta incorrecta. Intenta otra vez —siento su mano vagar lentamente hasta conectar con mi cintura. El dolor entre mis piernas regresa con sarna y más fuerte. El contacto con su palma me hace perder el

