Dos

1020 Palabras
La situación era realmente incómoda para ambos. Alice estaba temblando bajo la mirada imponente de aquel hombre rudo que tenía semblante de que en cualquier momento la golpearía y echaría a patadas por haberse metido en su cama de aquella manera. Patrick enarcó una ceja, la chica tímida y tonta frente a él comenzaba a causarle asco, no quedaba rastro de sombra de la mujer que lo sedujo con tanto descaro la noche anterior. — Recoge tu ropa y piérdete de mi vista. — Fue todo lo que dijo mientras encendía su cigarrillo, ella ni siquiera alcanzó a ver bien su rostro.   No hiso falta que se lo pidiera dos veces, Alice estaba temblando y aun así continuó vistiéndose conforme se dirigía hacia la salida igual que un cordero asustado. Todavía podía sentir la presión de aquel ambiente tenso e incómodo.   Cuando cerró la puerta huyó despavorida mientras rogaba internamente no tener que volver a verlo jamás.   Con pesar abrió los ojos, deseando poder dormir un poco más, la cabeza la estaba matando y no tenía ganas de enfrentarse a la realidad que la golpearía apenas abriera la puerta de su habitación. Pero necesitaba el dinero de su trabajo, solo así podría reunir y largarse de ese maldito lugar para siempre. Se puso su uniforme luego de tomar un baño y lavarse los dientes, no desayunaba en casa, naturalmente tomaba un café en la oficina y empezaba el día de trabajo.   Vivía sola en un pequeño y viejo departamento exactamente a treinta minutos de su trabajo donde la renta no era muy alta pero el edificio no tenía comodidades, cada día debía subir y bajar nueve pisos usando las escaleras. Sin embargo había estado reuniendo para poder pagar un lugar estable y comenzar a vivir una buena vida sin depender de la ayuda económica que seguía recibiendo de su tía tras fallecer sus padres.   En cuanto Alice llegó al trabajo todo estaba hecho un caos, el personal corría de un lado a otro con pilas de documentos.   — Tú, niña ¿Qué haces ahí parada? — Dejó de beber café cuando escuchó que la llamaron, tez bronceada y cabello rizado, definitivamente era Wendy. — ¿Acaso no tienes nada que hacer? Hoy viene el de visita el CEO, todo tiene que estar perfecto. Alice tuvo que asentir un par de veces, por el momento tendría que despedirse de su ansiado desayuno.   No podía evitar preguntarse qué clase de hombre era capaz de poner a todos en cintura aun sin conocerlo todavía, porque desde que ella había entrado a trabajar nunca nadie le había visto la cara al señor Patrick. — Debe ser aterrador. — Dejó la última copia organizada sobre la enorme mesa de vidrio.   Cerrando la puerta de la sala al salir escuchó la conversación de dos mujeres de mantenimiento. — El señor Patrick es un hombre tan atractivo ¿No te parece? Aún si esa linda boca me llamara de maneras despectivas pensaría que me está halagando. — Alice casi se atraganta con su saliva al oír semejante tontería. — También escuché que es una de las personas más influyentes de todo el mundo ¡Su rostro no deja de aparecer como el hombre más codiciado!   — Creo que escuché un rumor sobre él, al parecer lo abandonó su prometida. — Escuchó decir a la otra mujer. — Parece que es un mujeriego sin remedio, incluso tiene una amante que solo lo quiere por su dinero y ha rechazado múltiples veces casarse con él ¡Pobrecito!   Merecido lo tiene, un hombre que solo usa a las mujeres como a juguetes sexuales merece ser usado del mismo modo.   ¡Debo dejar de ser tan cotilla! — se regañó mentalmente, palmeándose la mejilla un par de veces para continuar con su trabajo.     Todos actuaban como si nunca dejaron de trabajar cuando las puertas del ascensor se abrieron en el departamento de mercadotecnia, Alice estaba frente a su computadora, la tensión se sentía en el ambiente silencioso, podía escuchar la conversación de su jefe con la del señor Patrick, sin embargo no se percató de su rostro hasta que se le cruzó por el lado.   Y quiso morirse en cuanto lo hizo.   Esos ojos verdes opacos que parecían a punto de atacar en cualquier momento, aquel ceño levemente fruncido en representación de su carácter cruel y hostil, el cabello castaño que ya no estaba húmedo debido a la ducha y aquellas grandes manos que la sujetaron del cuello el día en que creyó vería su final gracias a la falta de oxígeno.   Casi se desmayó cuando se percató de que aquel hombre era su misterioso amante de una noche.   Su labio inferior tembló, a ello se le unieron las manos y el resto del cuerpo poco después, el miedo que paralizó su cuerpo era algo difícil de explicar, sobre todo tras haber recibido claras órdenes de desaparecer de su vista. Las miradas de ambos se encontraron por cuestión de una milésima de segundo antes de que Alice bajara de nuevo la cabeza y postrara la mirada al piso, rogando pasar desapercibida y respirando de alivio cuando él la pasó de largo.   Ta vez no la reconocía. Era mejor de esa manera, evitaría su final si se mantenía lejos de aquel terrible hombre.   — ¿Quién es? La chica de que temblaba como chihuahua y no levantó la mirada de sus pies. — Preguntó Patrick con curiosidad, meneando el alcohol en su vasito de vidrio, bebiéndolo de un trago sin vacilar o demostrar el amargo sabor en su rostro.   Frank, el jefe de Alice, lo miró, no era común por parte de él interesarse en un trabajador. — Según lo que me describes solo puede tratarse de la señorita Alice Park, lleva trabajando para nosotros alrededor de cinco años, está entre las más jóvenes y eficientes entre nuestros trabajad…   — Te pregunté quién era, no detalles innecesarios. — Pero ¿Por qué está interesado en ella? Patrick alzó la mano, haciendo un gesto para que aquel hombre se callara. — Quiero que la traiga y la convierta en mi asistente personal.
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