Rígido en su silla de madera, sin hablar.
Si Patrick era un hombre terrible su padre multiplicaba por cinco su mal carácter.
— Entonces ¿Para qué has venido a perturbar mi tranquilidad? — Dejó de lado su trabajo, carraspeando la garganta antes de pedirle a su asistente que le hiciera llegar un vaso de agua, una excusa para sacarla de ahí y poder conversar a solas con su primogénito.
Y cuando estuvieron a solas, Patrick se permitió reír en sus narices.
—Créeme, no es para preguntar por tu salud.
— Podré esperar muchas cosas de ti, pero eso jamás.
Él se encogió de hombros, no le dio la razón, pero tampoco negó lo que dijo.
— Lo que he venido a pedirte es que dejes de enviarme mujeres a donde sea que estoy, es molesto.
— Si eligieras a una señorita para establecer tu familia no sería tan molesto como piensas. — Dio un trago a su taza de té, necesitaba algún tipo de calmante para lidiar con su problemático hijo.
— Siempre estoy haciendo lo que me piden todos ustedes ¿Por qué no les dejas esa tarea a alguno de mis hermanos?
— ¿En serio quieres que le herede mi compañía un cantante o un modelo de prendas íntimas para caballero? Eres el único hijo decente que me queda — Su ceño fruncido delató el estrés en su cuerpo. — Pero un hombre que cambia de mujer como de ropa interior no es digno de esta industria, si no te gusta ninguna de las mujeres que te he enviado dime cuáles son tus gustos y te haré llegar una en seguida.
— Ya sabes a quién quiero, padre.
— ¿Otra vez aferrándote de nuevo a esa interesada?
Lo siguiente en la escena fue su hijo golpeando la mesa del escritorio, fúrico. — Puedes hablar tan mal de mí como se te dé la gana pero a ella ni la menciones. — Si las miradas asesinaran su padre ya habría caído al suelo, inerte.
— Sabes que solamente aceptaré a una mujer que de verdad merezca ser tu esposa.
Patrick se levantó de su silla. — Tendrás noticias mías en un par de semanas.
— Aun cuando no las espero siempre termino recibiéndolas.
* * *
Por otro lado Alice está enfrentando su nuevo infierno sobre la tierra.
— Ups, lo siento, Ana ¿Me perdonas? — Las gotas del té helado se deslizaron por su demacrado y cansado rostro, el aroma dulce y el sabor que llegó a sus labios le hicieron saber que era café helado, uno de los que más odiaba. — Me tembló la mano y se resbaló.
— Me llamo Alice… Y no importa, estoy bien.
Ellas se fueron entre risas, Alice tuvo que levantarse de su asiento e interrumpir la hora de su almuerzo para ir a limpiarse, su camisa estaba manchada y su cabello terminó pegajoso al igual que su piel. ¿Qué podía hacer para quitárselo?
Miró indecisa el lavamanos, asegurándose de que no hubiera nadie cerca antes de quitarse la camisa y empezar a limpiarse.
— De haber sabido que sería tan problemático no habría postulado para esta empresa. — Suspiró, limpiándose la piel con un pañuelo húmedo tras haber metido la cabeza en el lavamanos para limpiarse el cabello y la cara. — Realmente quisiera poder hundirles el rostro en el retrete de un baño público.
La conducta inmadura de sus compañeras se volvió más hostil desde el momento en que mostró preferencia por parte de Frank, su primer jefe, la única persona que le había mostrado apoyo y consideración en el trabajo, antes ya la llamaban de muchas maneras, ninguna de ellas bonita en realidad, sin embargo desde que se convirtió en la secretaria de Patrick los rumores se intensificaron contra ella.
Se le retorció el estómago de solo pensar en que su descanso terminó y tendría que volver a enfrentarse a él, pero debía hacerlo, con el trabajo también aumentó su sueldo, ahora ganaba el doble que antes, solo necesitaba presentarse durante pocos meses más y con todo lo que reuniría entregar una carta de renuncia formal y librarse de sus ataduras.
Solo un poco más, podía soportarlo.
— ¿Dónde estabas? Hace cinco minutos tenías que haber llegado, necesitas aprender a ser puntual. — No le gustaba cuando Patrick la estaba esperando apoyado en su escritorio, siempre significaba que estaba esperando para regañarla con cualquier pretexto, sin embargo, su ceño fruncido se ablandó en cuanto la vio. — ¿Qué te pasó? Estás completamente mojada.
Había llegado tan rápido que no le dio tiempo de secarse correctamente.
— No sucede nada, tiene una reunión con los inversionistas dentro de veinte minutos ¿Quiere que prepare sus materiales? — Evadió la pregunta centrándose en el deber, era lo mejor.
Sin embargo, olvidó lo terco que era ese hombre por un par de segundos. Lo vio acercándosele de manera peligrosa, haciéndola arrinconarse contra la puerta de una manera muy incómoda. — Café helado.
Alice de manera disimulada trató de olerse, creía que se había limpiado lo suficientemente bien como para disipar el aroma. Aun así negó con la cabeza.
— Por favor deje de prestar atención a pequeñeces.
Sí, de manera disimulada le pidió no entrometerse en lo que no le importaba. No quería lidiar más con celos ajenos porque Patrick se preocupaba hacia ella.
— No se equivoque, mi secretaria se presente de manera tan descuidada a trabajar da una mala impresión, cualquiera creería cosas que no son.
— Sí, señor. No volverá a ocurrir.
Por supuesto ¿Qué esperaba? Él solamente iba a regañarla.
Se sintió tonta por un momento.
Sabía que era demasiado bueno para ser realidad, pero al menos estaba agradecida de que fuera así. Sin embargo, ¿Era necesario que se acercara de esa manera para comprobar algo que estaba a simple vista? Su corazón casi estalla en ese momento.
* * *
El anochecer cayó más rápido de lo que esperaba, su día se resumió en esperar afuera mientras su nuevo jefe pasaba toda la tarde metido en una junta. Cuando cerró con llave la oficina tras apagar las luces buscó el móvil en su bolso para revisar la hora, si tenía suerte el transporte público aún no había pasado por la estación que le quedaba más cerca del trabajo y la llevaría casi directo a casa.
— No puede ser ¿Dónde está? No puedo regresarme a casa sin mi monedero ¿Qué lo he hecho? — Se quedó pensativa, regresando sobre sus pasos tras percatarse de que su Monedero con el dinero dentro no estaba dentro del bolso. — ¡Mi escritorio afuera de la oficina!
Necesitaba volver rápido para no perder el autobús.
Solamente quedaban ahí los vigilantes y personal de limpieza, no tuvo que atravesar a nadie para llegar hasta su escritorio, pero un mal presentimiento la estremeció, haciéndola detenerse, la puerta de la oficina de su jefe estaba abierta pero las luces continuaban apagadas, le pareció extraño, ella la cerró antes de marcharse.
Escuchar un sonido bastante particular mientras revisaba en los cajones le pareció extraño, tal vez era producto de su imaginación, hasta que se repitió acompañado del sonido de algo cayéndose al suelo, lo primero que pensó fue en el hecho de que estaban metiéndose a robar, pero era imposible, el personal de seguridad estaba entre los mejores y la compañía era casi impenetrable.
¿Entonces a qué se debían esos ruidos?
Dudó un poco, pero se metería en problemas si al día siguiente se descubría un robo y ella, quien fue la última en irse no inspeccionó antes de retirarse. Dejó por un momento su bolso sobre el escritorio y con sigilo se asomó por la r*****a de la puerta.
— Oh por… — Se cubrió la boca para evitar exclamar algo imprudente, aun así sentía como si su pesada respiración y brillante sonrojo la delatarían en ese mismo momento.
‘’... Sé un poco más gentil. ’’
Definitivamente había visto algo que no debía.
En medio de sus piernas se podía distinguir una figura femenina, con un llamativo vestido ceñido al cuerpo y tacones altos. Gracias a Dios la censura del escritorio no le permitió ver la desfachatez que estaba haciendo en la oficina del presidente, la manera en que Patrick no cambiaba ni siquiera un poco esa expresión fría y distante de siempre, como si estuviera aburrido.
— Eres terrible, llevas aquí diez minutos y ni siquiera eres capaz de hacer bien las cosas ¿Donde ha quedado la seguridad de antes? Luces patética. — Dijo él con firmeza, tomando un pañuelo para limpiarse las manos que antes sujetaban el cabello de esa mujer sin piedad.
Alice se paralizó, comprendiendo que no podía quedarse viendo o sería ella quien terminaría en una situación penosa, rápidamente tomó el bolso de su escritorio y huyó de ahí sin dejar rastro.
De una manera u otra se dio cuenta de la peligrosa información que estaba manejando y la cantidad de dinero que pagarían los medios por conocer el talón de Aquiles de su jefe gruñón.
— Sí, claro. Como si tuviera las agallas.
Dejó de pensar en tonterías y tomó el bus de regreso a casa