Zafiro salió de la casa, estaba hecha una fiera, Julio la vio irse, no pudo evitar sonreír, le prometió a Grecia que le diría la reacción exacta de la mujer, pero hubiese querido grabarlo para ella. —¿De verdad mi hijo demandó a su madre? —Así es, señor Fabián, por lo que he podido ver, su esposa ha estado gastando cantidades exorbitantes de la herencia Palmeri, el señor Montenegro se enteró, está muy triste por esto. Fabián estaba impactado, sintió rabia contra Zafiro, por ser una mujer tan cruel. Egan y Grecia estaban acostados en esa cama, ella acarició su rostro, sonrió con dulzura. —Te amo tanto, Egan, no sabes cuánto te extrañé, ni yo misma lo supe hasta que me volviste a amar. Él besó sus labios. —Te amo, más mi patito, te adoro. Ella le mostró imágenes de sus bebitos. —Es

