—¡¿Qué dices?! Olvidas que es mi novia. —Ah, es cierto, me olvidé de tu existencia. Jacques le miró desconcertado. «¿Qué está pasando con Egan? Él nunca fue tan cínico, y desconsiderado, parece… ¡Cómo si yo no le importo nada! Esto está mal», pensó —Existo, y Catalina es mi novia, más que eso, pronto será mi mujer. Egan bajó la mirada, luego hizo un gesto de suficiencia. —Pues bien, por ti, claro, que, todavía falta que ella acepte, ¿o ya te dijo que sí? Jacques le miró con odio. —Pero, me dirá que sí, ¡entiende, Egan! Tu amada Grecia está muerta, no va a revivir, ¡y Catalina es mía! Ella será mi esposa, no es un patito feo, ella es mi cisne blanco. Egan sonrió —Pues, felicidades, entonces, cásate pronto, no vaya a suceder que la novia se arrepienta, he visto casos. Jacques le

