Charlotte abrió los ojos, cubrió sus oídos con su almohada para no escuchar el timbre sonar de manera insistente, tenía deseos de insultar a quien se atrevía a arruinar su descanso ¡Por Dios! ¡Era domingo, el único día que más amaba de la semana! Y ella había creído ingenuamente poder dormir hasta el mediodía. El timbre sonó nuevamente y sin remedio alguno se puso de pie, cogió su bata y salió con prisa, mientras se felicitaba internamente por no haber bebido más que una copa el día anterior o seguramente para este momento estaría maldiciendo a… Se quedó muda tras abrir la puerta de todos los ciudadanos habidos y por haber en la ciudad de Nueva York, jamás hubiese podido imaginar que el hombre que interrumpió su descanso fuera Donovan Montgomery. —Buenos días —dijo con seriedad, recorrien

