Mía contuvo la respiración cuando sus pies tocaron el suelo de Seattle después de nueve años, casi diez. Había añorado tanto su hogar y su familia, que su corazón se encogió ante la idea de volver a su antiguo hogar. Al lugar donde alguna vez fue feliz. —¿Todo bien? —preguntó Angelo, sabía que no era una buena idea volver, pero esto se lo debía a Mía desde hace muchos años. Este pequeño deseo no podía ser obviado e ignorado o él ya no podría seguir viviendo en paz, estaba más que tentado a contarle la verdad y quizás lo hiciera en este viaje. Bien sabía que podía crear un conflicto entre ellos o también podría ser el cierre definitivo del pasado. No quería vivir con el miedo de que Mía se enterara de una u otra manera. Sería mucho más difícil de ser así. —Sí —susurró. —Ha pasado mucho t

