Al día siguiente, luego del cumpleaños de Liam, mis cuñadas Sarah y Emily fueron a buscarme a la oficina para almorzar y después a hacer unas compras, al principio me negué, pero ellas argumentaron que eran las dueñas o por lo menos las hijas del dueño y me ordenaban dejar mi puesto para acompañarlas. Era un lunes de maya cálido, mientras caminábamos por el centro comercial mi mente divagaba por lo sucedido la noche anterior y la charla que había sostenido con Liam, una vez que todos se retiraron lo busque en su habitación. —¿Podemos hablar? — pregunto acercándome a la puerta que estaba abierta, él se encontraba sentado en uno de los sillones frente al TV, recostado con los ojos cerrados. —Por supuesto pasa — dice un poco desganado. —Es sobre lo sucedido antes… —Lo siento – me interru

